miércoles, 28 de diciembre de 2016

Invocaciones Santillana



 El careto anunciador.

Segunda entrega de los relatos al alimón, recordamos que en negrita irán las palabras elegidas por el resto de gerentes que deben figurar obligatoriamente en el relato.
Cuervolandiaaaaaaaaaa!!!

El 28 de diciembre, fecha en la que se rememora una matanza de niños y donde la inocencia es motivo de burla y rechifla del jacarandoso vulgo fue la fecha que Irving Quintanaurría, Investigador de lo paranormal, decidió conjurar a los demonios más perversos siguiendo las recetas más depravadas de los manuales de sortilegios más arcanos.

Así el Necronomicón, el Ciprianiño, el Ars Almadel, libro cuarto de la Clavícula de Salomón, el Picatrix, la letra pequeña de la parte de atrás de los contratos de Bankia y demás grimorios que jamás debieron ser hollados lo fueron ese día... ¿Cuál es el motivo? ¿Hay una razón quizá?...Ni el propio Quintanaurría lo sabía, quizá pudo en él su ansia de conocimiento, su hambre de nuevos saberes, su trágica curiosidad sobre el más allá... Sea por lo que fuere,  su imprudente proceder lo llevó a seguir los pasos del doctor Fausto de Goethe, del Estudiante de Salamanca de Espronceda o de Mikey Mouse en Fantasía como aprendiz de brujo convirtiendo su casa en altar de invocaciones...

Allí,  estaba nuestro Irving!! Allí, lanzando sortilegios en medio del pentáculo trazado con un cuchillo en el parquet!! Ofreciendo libaciones a los demonios paganos, fumando un puro y escupiendo Ron del hacendado durante horas y horas por todo su living room plagado de exvotos y amuletos de muy distinta índole provenientes casi todos de la teletienda, como la pulsera Rayma y su poderoso cuarzo, la efigie del Santón del Payatú y los Monos de mar mirando absortos desde su pecera.

En su esfuerzo investigador mezcló el conxuro da queimada con las suras prohibidas del Corán y esperó toda la noche a que se manifestaran las cortes demoníacas Lucifer el caído, Satanás el distante, Belzebub señor de las moscas y Subirá el demonio que susurra tras la oreja de los despistados y a la vez inspira a los grupos de Rock and Roll.

Finalmente a la hora bruja de las seis de la tarde antes de que empezase la somnífera película alemana de la 1 Irving vió que en la pared de su salón se dibujaba como un icono bizantino en tonos ocres y dorados una horrible faz con mirada perdida y unas greñas de hombre primitivo, dignas de Sandokán  de los Bee Gees o de Camarón de la Isla…

Sobreponiéndose al espeluzno Irving le preguntó:

¿Eres real o ficción?

-Dilo pronto aparición


La Cara entonces dirigió a él su mirada y díjole:


El alcalde de Airrigorriaga

tiene mucha ilustración.


El alcalde de Airrigorriaga

tiene mucha ilustración.


Pues sabe tocar el chistu,

y un poquito el acordeón.


También toca la pandereta

y se llama PANTALEÓN


PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN PANTALEÓN


Tras esta enigmática frase el espectro se esfumó, como vino se fue y dejó tras de sí incógnita y enigmática canción.

Irving Quintanaurría atribulado por tan misterioso mensaje y a la vez preso de una decepcionante sensación de haber empleado tiempo y esfuerzo en algo tan sumamente ridículo decidió archivar el asunto, poner una alfombra para tapar el pentáculo y bajar a la frutería a comprar unas naranjas para el desayuno.  Bajando la escalera pensó….

¡¡¡Quizá los demonios también gastan inocentadas!!



sábado, 24 de diciembre de 2016

Maximilian, el piruletero cuerdo



'Un gramo de locura por tus pensamientos'


Como siempre por estas fechas, primer relato de tres. Destacadas en negrita se encuentran las palabras impuestas despóticamente por cada gerente a los otros dos, que han de figurar obligatoriamente en los textos. Felices y dulces fiestas...


Ya desde una tierna edad, Maximilian sabía lo que quería ser de mayor: odontólogo. Tan claro lo tenía, que avanzó espoleado por su motivación directamente hacia la consecución de ese objetivo.

Su primer día en la facultad supuso para él el gozo que emana de una íntima satisfacción; la de sentirse realizado. Se vio cómodo en todas las clases, salvo en la correspondiente a la primera asignatura que su grupo recibió, denominada Ética, documentación e historia de la odontología.

Varios años después, con toda la carrera superada meritoriamente, esa materia de primero aún se le resistía. No lograba aprobarla, incluso con sucesivos profesores y diferentes métodos docentes. De modo que fue presentándose a todas las convocatorias hasta alcanzar la última, de carácter extraordinario, y también la suspendió.

Fue entonces cuando sus padres le dijeron: “Ya te advertimos de que estudiar eso era una tontería. Vivir de verle y hurgarle las bocas a la gente no es un oficio decente. Tú deberías haber sido pianista. Mírate las manos, atontado. Son manos de pianista”. Y su madre añadió, deslizándose en una lenta danza por el salón familiar: “Clayderman… Gould… Brendel... ¡¡Un, dos, tres, un, dos, tres…!!”

Maximilian se desesperó y olvidó su sueño de abrir una clínica dental. Rompió los lazos familiares, sumergiéndose  entonces en un período de abandono y apatía vital. Apenas había trabajado esporádicamente en una fábrica de paraguas o como cobrador en un par de cines, pero ya se sentía quemado. Muchas noches sufría sueños inquietos en los que escuchaba el insistente canturreo de su madre, y la veía danzando, con la sonrisa de una hurí, sobre la alfombra de su casa, siguiendo los compases de una enervante partitura para piano y orquesta: “¡¡Un, dos, tres, un, dos, tres…!!”

Un día, en la habitacioncilla de su pensión, abrió la ventana y la habitual vaharada de compuestos químicos provenientes de una industria cercana lo alcanzó. El adictivo (a la par que repelente) olor a sustrato de colodión lo embriagó y, observando la herrumbre del polígono industrial, se sintió preso de una inmensa angustia. Se echó a andar con sus gastados zapatos, sin rumbo fijo, durante varios días y noches. Compraba cualquier cosa para comer y dormía en portales, o bajo los árboles. Caminó mucho tiempo por anodinos espacios abiertos hasta que se percató de que ya no sabría cómo volver. Entonces siguió errando hasta escuchar los inciertos sonidos de unos altavoces. Como todos nosotros, había llegado a Cuervolandia.

Quedó capturado por el cuervoembrujo de las instalaciones y su atmósfera. Se presentó en la gerencia para solicitar trabajo, que consiguió tras una extraña entrevista personal. Cada gerente le hizo una pregunta.

-¿Cuál es la capital de Arabia Saudí?
-Mmm… uff… Creo que Riad.
-¿Puede dibujar en esta servilleta la función x=y?
-A ver… Me parece que sería así.
-Si te pudieras colar en un delfinario sin que te pillasen, ¿lo harías?
-Bueno… No, creo que no.
-Empiezas mañana vendiendo pirulís por el parque -dijeron los tres a coro-.

Y así fue. En realidad vendía varios tipos de chucherías en una bandejita colgada al pecho por los hombros, anunciándolas sonoramente de vez en cuando mientras deambulaba (“piiiiiiiiruletááááá, ssssseeeeetas de shocoláááá, teeeejjjiiillas deaavelláááá, naaaaranjitas con azúúúúú, caaaaarameloooooos… ¡un, dos, tres, un, dos, tres!”).
Sin embargo, extrañamente, cuando llegaba el momento de cerrar la venta, un malestar generalizado se apoderaba de él, llevándolo a hiperventilar y obligándolo a sentarse en algún banco. Una vez que se le pasaba el sofocón, bebía unos tragos de agua y proseguía su labor.
Preocupado, se dio cuenta de que esto solo le pasaba cuando atendía a los pequeños. Si era alguno de sus padres quien realizaba la compra, todo iba bien. Pero si se trataba de un niño o una niña quien le pedía con ilusión alguna mercancía, sentía un rechazo y un conflicto interno que lo indisponía instantáneamente.

Concluyó que a ellos realmente no quería venderles golosinas. ¿Por qué, Dios mío, por qué? Durante la primera larga noche de zozobra y reflexión, llegó a la convicción de que todo sucedía porque no podía permitir que esos inocentes estropearan sus dientes tan fácil y dolorosamente con esos azúcares pegajosos y esos agresivos colorantes, fabricados seguramente de cualquier manera pero vendidos a precios que dejaban unos márgenes de beneficios escandalosos. ¿Es que solo él se daba cuenta?
En cambio, ese mecanismo de respuesta psicosomático no operaba cuando eran los adultos los compradores. Tal vez fuese porque, al no suceder la relación causal de un modo tan directo, no se sintiera tan culpable. Siempre cabía la esperanza de que los adquirieran para sí, o no les diesen los dulces a los infantes, o se los ofrecieran en casa para asegurarse de que se lavaban los dientes inmediatamente después, o qué sabía él.

Afortunadamente, gracias a eso, Maximilian pudo salvaguardar su puesto de trabajo generando unas ventas satisfactorias, al mismo tiempo que se enorgullecía por poder ejercer finalmente su vocación original. Pensó en solicitar otro puesto de trabajo, pero decidió que, manteniéndolo, hacía más bien que mal en el mundo. En esos tiempos, los edulcorantes artificiales eran aún ciencia ficción...

Con el paso del tiempo, aprendió a evitar las peticiones de los niños hasta donde era posible, convirtiéndose en un maestro de la excusa y del escabullimiento. Acabó tomando la medida precisa entre las actitudes de las familias y la distancia hasta su posición para dejarse estar, avanzar o desplazarse rápidamente a otro punto del parque. Además de esa aptitud para interpretar el lenguaje corporal, desarrolló una especie de marcha atlética merced a la cual nunca llegaba a correr, pero resultaba casi imposible de seguir. También sabía exactamente cuándo anunciar su mercancía o permanecer silente. Combinando todas estas habilidades, logró aumentar las ventas al mismo tiempo que, entre los pequeños fans de Cuervolandia, se desplomaban las ignotas tasas de afecciones dentales por caries derivadas de glúcidos.

Era consciente de que nunca nadie se lo agradecería, porque nunca nadie lo sabría. Pero él sí, y eso bastaba. Cada jornada de trabajo era una nueva ocasión de orgullo que sumar a la anterior. Volvía a sentirse como en su primer día de estudiante universitario. Recuperada la autoestima, muy pronto mejoró su imagen personal; daba gusto verlo paseándose con su bandejita por el parque, todo pincho como un pincel. Siempre sonriendo, su plaquita al pecho y su chistera anti-insolaciones lo hicieron familiar en el complejo. ¿Dónde está Maximilian? Ahora lo veías y ahora ya no. “¿Una bayonesita, señora, para su marido? ¡Uy, jajajá, qué susto, venga, sí, gracias! Ustedes son la sal de Cuervolandia, y claro, mi labor es hacer de contrapeso”.

Ni siquiera alguien tan zorro y agudo como el Señor Cubero llegó a detectar lo que se escondía tras Maximilian. No obstante, tampoco nuestro vendedor de chuches tenía idea de la labor de microguerra callada e infatigable que desarrollaba el contable.

Solo ustedes, queridos lectores, son conocedores de que ambas tendencias divergentes tenían lugar en Cuervolandia con idéntica intensidad y de cómo se anulaban mutuamente, contribuyendo mínima, aunque tal vez decisivamente, a la estabilidad del planeta.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Catenaria



'Un óbolo, por karité'


Refinados cuervopacientes:

Embarcándonos en esos juegos de abanicos, espejos y tafetanes que son tan de nuestro agrado, les proponemos este relato endemoniado al alimón, autoconstreñido a la regla de que cada segmento debía comenzar por una palabra determinada y contener otras dos, cada terna impuesta al siguiente gerente por uno de los otros*.

¿No se entiende nada, verdad? ¡Bien! Pues es el momento de ponernos con ello.

[*En negrita, las palabras obligatorias]

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I

Estupefacción!!!  Estupefacción e iraaaaa!!! gritó el Arcipreste  cuando Bela besó a Dimitri en el tercer acto de la ópera búlgara del momento.  El grito del Arcipreste que expresaba sus sentimientos con la palabra exacta que los describe hizo enmudecer el cuervoteatro palidecer de asombro a las numerosas excursiones de confundidos niños, sobresaltó incluso a varios miembros de la embajada de Tuvalu que se creyeron la engañosa publicidad de que la Ópera sobre hielo" Nostalgias de Rumelia"era una disparatada comedia y en realidad se trataba de una atrevida versión contemporánea e iconoclasta del último Zarato de Tarnovo que rompía la cuarta pared y tiraba por tierra todas las ideas preconcebidas de continuísmo y estructura de guión fijadas por Tarkovsky ,Greenaway y Cassavettes.

Los intentos de Atanasía  aplacar la ira del Arcipreste diciéndole que la escena del oso hormiguero era una metáfora de los valores píos de la Santísima Trinidad y del divino perdón, fueron inanes, el Arcipreste gritó a todo pulmón la ira que le quemaba y le dejaba en el paladar un gusto amargo y salado, casi berberechesco. Estupefacción e iraaaaaaa!!!


II

Doríforo encarnado, fuerte y esbelto, no hubiera podido contenerlo. La función se deshizo en medio de un gran revuelo: cientos y cientos de gafapastas presentes en el auditorio protestaron sonoramente; los niños chillaban, indefensas presas de la frustración artística; los actores bajaron del escenario y un gran número de espectadores se subieron; alguien tuvo que agarrarse a unas cortinas según se caía, las cuales cedieron parcialmente por el peso, generando una vibración suficiente como para que los cables de la Gran Lámpara Ahumada se descolgaran desde la cúpula y, tras provocar el mayor de los pánicos durante unos segundos en los que los decibelios emanados de todas aquellas gargantas alcanzaron su pico, esta detuvo bruscamente, con un trueno, su inmisericorde caída a pocos metros del suelo. Muchos se pusieron a rezar allí mismo, bajo el bamboleante coloso enhollinado. El embajador de Tuvalu golpeaba su cabeza compulsivamente contra el respaldo de un asiento. El Arcipreste figuraba en el epicentro de toda esa confusión violenta, gesticulando y moviendo la boca, aunque tampoco a él nada podía entendérsele. Todos los demás, arremolinados, querían confluir en torno como una marea con su propia dinámica de fluido, mas las butacas de la platea dificultaban sus movimientos hasta el punto de hacerles resbalar, caer unos sobre otros y retorcerse con impotencia. Era un lamentable crisol de confusión y emociones retroalimentadas el que los ahogaba. El Arcipreste logró echar mano a su bolsillo y, no sin esfuerzo, extrajo una pistola negra de pistones con cartucho de tambor.

Alzando la inofensiva arma, contrajo su cara. Ocho detonaciones congelaron el tiempo.

La pequeña y eficiente Athanasía yacía hecha un 34 cerca de él, bajo un falso rododendro de atrezo. La atrajo hacia la rajada casulla, tomando el exangüe cuerpo entre sus brazos. Ella, desmadejada, pálida como la cera; él, tensionado, rojo como un tomate. En la mente de todos quedaría grabada esa imagen a fuego y siencio.

Justo entonces, surgiendo trémula de esa instantánea perfecta que parecía tomada de un cuadro de El Bosco, se elevó algo rasposa la voz del Arcipreste. Y dijo:


III

- Lejos está de nuestras intenciones el molestar al respetable, solo deseamos romper el curso de los tiempos... vivimos tiempos malditos en los que solo un aullido puede sacar las adormecidas mentes del letargo, romper las burbujas del cava dorado con el que nos embriagan, abrir la última caja de cuervoñigos. Era preciso quemar las naves.

- Pero Monseñor - Dijo con un marcado acento el mancebo que acompañaba al embajador de Tuvalu - ¿Se encuentra bien? ¿Qué ha provocado su ira?

- Ira y estupefacción, joven. Más fingidas las dos...

- ¿Cómo? - Gritó al unísono una masa sorprendida

- Ahora la estupefacción la sienten ustedes ¿cierto? Este trampantojo enlatado en majestuoso templo del arte tan solo ha sido concebido con un sarmiento al que agarrarse... No pretendíamos embaucar sus emociones, solo despertarlas.

De repente, pero en sutil melodía, una flautilla comenzó a suspirar desde el falso techo. Todas las miradas se elevaron. Suavemente se abrió una trampilla. El techo de madera de camelio crujía levemente. Como advenimiento mágico, descendió rápida pero armoniosamente una cesta como la de un globo aerostático. El remolino de gente se abrió para permitir el feliz aterrizaje al lado del arcipreste. Dentro de la cesta, un walkman casio con unos altavoces a juego emitían la alegre tonadilla pastoril de flauta, acompañado de unos ladridos igualmente alegres...

Atanasía ahora presentaba una regia compostura, una mirada repleta de sabiduría. El arcipreste la tomó por la cintura y la posó en el interior de la cesta. Tras hacerlo, remangó su sotana, dejando ver unos espléndidos calcetines en los que se representaban seres que viven en piñas debajo del mar. Con un grácil movimiento entró en la cesta, que comenzó a ascender. Atanasía sentenció:

- Si seguís participando de Obras enlatadas para el consumo de las masas, si no dejáis fluir vuestros gustos y permitís que la expresión humana del gusto y la moda sean prediseñados en despachos y laboratorios por expertos en usar el márketing para hacer  que los intereses de las élites os empapen el alma, terminaréis por amar a quién os oprime.

El ábside del teatro hacía que, a pesar de hablar con vocecilla infantil, su voz sonase soberana y magnánima. Conforme ascendía hacia el techo, la

-  En cuervolandia queremos que os preguntéis... ¿Permitiréis que a la estupefacción le siga la ira?  Estáis en vuestro derecho, pero nosotros solo os la hemos despertado. ¿Hacia quién la dirigiréis? Se os ha engañado, pero ¿cuántas otras veces os habéis dejado engañar? Salid de vuestro ensueño y pagad con el cheque de la indiferencia a quiénes os quieren inculcar los preceptos del desastre.

El cesto se introdujo por la trampilla y desapareció. Desde dentro del falso techo volvió a sonar la tierna vocecilla: Y recordad, aún no se ha encontrado un planeta como la tierra... No viváis en él como si pudiéseis vivir en otro sitio.

A sus últimas palabras le siguió el portazo de la trampilla, como un primer aplauso, al que se le unió primero el del embajador de Tuvalu, y luego el de todo el público, en un ensordecedor llamamiento, sabiendo que, en el año que entraba nada volvería a ser igual.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Cuervopoemas navideños 2014


'Ye olde crowe seedin' our fate'


Flores monegrinas


LLegan las fechas en que Paco el Arlequín se arma de tintero y pluma y versa para desearos feliz Navidad a todos los cuervoamigos.



I

Navidad de cuervos negros
ilumina el gris desierto
mientras un flautista tuerto
toca un villancico allegro.

Un coro de voces blancas,
vistiendo cuervo-viseras,
y túnicas de color hueso
ha venido de Salamanca
para cantar la noche entera
Y pide con bellos versos:

Paz en el mundo
Paz en los Monegros
Amores profundos
y amigables suegros.



II

Altos altavoces viejos y lejanos
villancicos cantan en los desiertos
Monegros, agrestes páramos yertos
hoy brillan y ríen pues es Navidad
Con caldo de zapallo y cuervoñigos
sirope de arce y velas marrones
¡Que empiecen ya las celebraciones!
¡Viva Cuervolandia pagad y pasad!


III

Una vez al año, los tres gerentes
se mezclan de incógnito entre los clientes.
Su mente colmena rauda analiza
Qué tipo prefieren de cuervopizza.

Después lo comentan mientras toman algo
(Compota de pulpo y albahaca bravía);
Discuten, porfían hasta la afonía
Sobre sus acciones en minas de talco.

Pero ya es Navidad... Salen a la calle
Muy emocionados y autorrealizados.
A la gente enganchan de su brazo o talle:
¡Ya se regocijan los afortunados!

Porque en sus solapas les pinchan chinchetas
conmemorativas, negras como grajos.
Dan un par de pasos de tango con ellas,
Y a los caballeros, cómplices codazos.




miércoles, 3 de diciembre de 2014

Relato al alimón anual: La luz de sus ojos



 Are you talking to uuuuuus?

Sonaban ritmos electro clown entre los escasos setos del boj del camino que discurría entre la casa abandonada y la tienda de velas hacia la grandiosa estatua de Milli y Vanilli abarrotada un año más por muchedumbres que habían acudido, algunos a revivir sus ilusiones, otros a probar los nuevos cuervoñigos pica-pica (gran acierto de los gerentes comercializar aquella partida cuyos envases al vacío habían sido dañados por una bandada de cuervos que se había colado en el almacén), y algunos pocos a echar la tarde.
Había chispeado hacía unos minutos, sin embargo no hacía frío… era más una sensación de destemple… agarré con firmeza la Cuervocola Hot Lemon para que mis manos entrasen en calor, mientras mi mente trataba de completar los versos que Kanqui perpetraba y que los destartalados altavoces entrecortaban…
Cuervolandia tenía eso: la gente cantaba alegre, como si de un concierto se tratase, cada vez que los altavoces se apagaban, como si fuera el mismo payasete el que estiraba el brazo del micro desde un escenario imaginario, brindando al público la oportunidad de cantar.
De repente, la música se apagó bruscamente, las luces se atenuaron, acompañando a la leve oscuridad del crepúsculo y comenzó una versión carrillonesca del Girl You Know It´s True.
Los grandes ojos metálicos de Milli y de Vanilli se iluminaron deslumbrando al público asombrado y todo el mundo contuvo el aliento cuando en medio del escenario tras una traca de petardos que estalló a medias y una tímida nube de hielo seco aparecieron por primera vez en Cuervolandia los inigualables equilibro-malabaristas, “Los Chindas Viajeros”!!!!!
Sí amigos, por fin el público de Cuervolandia tuvo en primicia la actuación de los mundialmente famosos Chindas Viajeros y hay que reconocer que estos chicos sabían del negocio!! Semanas antes de actuar los Chindas ya se anunciaban por todas las ciudades que iban con carteles fluorescentes y chillones dibujados por auténticos magos de la ilustración expresionista y con eslóganes tales como “harán las delicias de niños y mayores”, “El mayor espectáculo del mundo” “Éxito en TV” y según los sitios anunciaban incluso performances bizarras de combates surrealistas del tipo “Spíderman contra Pumby” o “Fantomas contra Lupin”.
Para esta ocasión los Chindas quisieron hacer algo diferente, muy inspirados en Le Cirque du Soleil abandonaron sus clásicos uniformes de mallas a rombos negros y aparecieron en escena vestidos con mallas color carne contorneadas con dibujos fantasía de purpurina para darle un tono más adulto y artístico a su espectáculo.
Dando palmadas al aire empezaron dándolo todo con su número estrella, el peligrosísimo rulo!!!! Niños y grandes contemplaron asombrados cuando Tony, el líder de los Chindas, subido a una tabla con un cilindro debajo, iba manteniendo el equilibro mientras añadía cada vez más pisos a su delirante construcción, en el tercer piso de cilindros y tablas logró hacer el pino aunque con unos vaivenes que dejaron mudos a los asistentes.

A Elenita le había encantado el número de los Chindas, pero a sus seis años se ponía muy nerviosa pensando que se podrían caer en cualquier momento. Se los imaginaba estrepitosamente abatidos ante sus pies, con la boca y los ojos muy abiertos, inmóviles en una dolorosa postura mientras el cilindro seguía rodando por ahí, entre un público que se apartaba a su paso como si les fuera a quemar.

Al finalizar el espectáculo, divisó un elfo emisario de Papa Noel que, sentado en un trono de cartón piedra y rodeado por un nutrido grupo de familias, atendía a los niños en su regazo. Elenita señaló con el dedo hacia ese lugar, mientras requería a sus padres con la mirada y tiraba de su ropa con la otra mano. Ellos sonrieron y tranquilamente siguieron sus pasos, pues la niña salió escopetada para allá.

Observó cómo, en riguroso orden, cada chaval se sentaba sobre su regazo y respondía a sus preguntas. Todos le contaban los regalos que esperaban recibir de Papa Noel este año, y luego se iban con un caramelo en la mano. Alguno se quedaba mudo y sobrecogido: tal vez porque sus padres insistieron en que la entrevista entre su criatura y tan alto emisario tuviera lugar. 

 —¡Adiós, Nerea, guapa! ¡Pronto tendrás tu patito pintado! 

Por fin le tocó a ella. El elfo, con gorro y vestido verdes, era bastante amable, pero en su sonrisa había algo que la desagradaba, aunque casi no era consciente de ello. La ayudó a subirse.

Hola, bonita. ¿Cómo te llamas?

—Yo Elena.

—Muy bien, Elena. ¿Y has sido buena este año?

Tras una pausa reflexiva, dijo:

—Sí.

—¿Seguro? 

—Sí, pero... Pero el otro día... le eché espuma a Grissom.

(No pudo evitar retorcerse un poco los dedos con las manos)

—¿Quién es Grissom?

—Se fue corriendo y se sacudió y se manchó el sofá y todo. Papá se enfadó por tocar sus cosas del baño.

—¡Ja, ja, ja! Digo, ¡jou, jou, jou! ¿Vas a volver a hacerlo?

—No —dijo con sonrisa pícara.

—De acuerdo... Ahora, dime qué quieres que le diga a Papa Noel que traiga para ti. ¿Qué regalos te gustarían?

La... la pértiga de Peppa Pig, y... hum... ¡el pendrive de Dora Exploradora!

—Ajá. Ya se lo diré yo en tu nombre, te lo prometo. ¿Ves? Lo apunto aquí, en este papel.

Elenita pareció satisfecha. El elfo la bajó con cuidado y le metió uno de sus caramelos de coco y anís en la mano. Ya los había probado antes de disfrazarse, y le repugnaban. Estaba abriendo los brazos para recibir al próximo chiquillo, cuando la niña se volvió y gritó:

—¡Ah! ¡Y un hueso de plástico! ¡Eso es lo más importante!

El elfo le hizo un gesto aprobatorio y sonrió de nuevo de esa extraña manera. Acto seguido, retomó el papel de sus apuntes y escribió algo más. Se quedó tranquila.

Al volver con sus padres, estos le mostraron en la cámara digital las fotos que habían tomado mientras ella y el elfo dialogaban. Estaban muy orgullosos.

—¿Qué te preguntó? ¿Y tú qué le dijiste? ¡Huy, qué contento se va a poner Grissom!

Esa misma noche, el elfo se quitó el disfraz y Saturnino Cubero, el contable de Cuervolandia, comenzó a escribir la carta a Papa Noel en nombre de los niños. Ayudándose de los apuntes que había tomado, estaba seguro de no olvidar nada.

"Juan Carlitos. Desea una maceta de porcelana y un CD de El Consorcio. Parece un niño nervioso: en caso de enviarse un tercer regalo, se desaconsejan juguetes de acción y de violencia simulada".

"Nerea. Gran apasionada de la entomología. Quiere una colección de grandes insectos clavados en alfileres. No pide nada más. En caso de enviársele un regalo a mayores, recomiendo un minijuego de La oca".

"Elena. Pide con ilusión una correa de castigo para entrenar a su perro. Nada de artículos de deporte ni tecnológicos, porque siempre le regalan lo mismo. Los personajes famosos de la tele también la aburren. Un gran bote de espuma a presión, por el contrario, creo que sería algo apropiado para ella, ya que podrían jugar en familia".

Cubero daba buena cuenta de un bocadillo de chopped pork barato mientras escribía. Sonreía al pensar en los frutos de esta acción de microguerra. Niños contrariados desde la más tierna infancia darían lugar a adultos crispados. Ellos, algún día, se rebelarían contra el sistema y la revolución anticapitalista estallaría finalmente. Se trataba de un proyecto muy, muy grande, y con toda seguridad él ya no lo vería. Pero seguiría contribuyendo durante toda su vida a sembrar estas pequeñas semillas de incomodidad social. Había muchos Saturninos Cuberos en los cinco continentes, propiciando nimios pero fundamentales cambios en el tejido social que tanto aborrecían.

Terminó su tarea y, al día siguiente, desde la cuervoestafeta envió la voluminosa carta a Papa Noel por correo certificado con acuse de recibo. Tras un duro día de trabajo con las siempre boyantes cuentas de Cuervolandia, cuando llegó a casa se estiró en su hamaca y colocó con satisfacción los brazos por detrás de su cabeza.

—Ahora solo queda esperar.

lunes, 2 de diciembre de 2013



"A Belén pastunes, a Belén Chicotes,
que ha vencido la grey de los principotes "


 Cuervolandiaaaaaaaaaaaaa!!!!!!

Anoche me desperté pasadas las tres y cuarto y de una manera casi inconsciente y automática pero sin llegar a ser sonámbula me dirigí al frigorífico y lo abrí. No sé porqué extraño motivo me encontraba en esa situación, no tenía hambre ni sed y además la noche era fría y yo iba descalzo, pero el caso es que me detuve varios minutos ante esa luz invitadora y acogedora, quizá metáfora de la luz al final del túnel donde nos espera un destino opíparo o frugal según las experiencias vitales con las que lo hemos llenado. No se si sería esa reflexión freudiana en la que identifiqué la frigorífica luz con la muerte y el más allá o simplemente que no tenía ni la más remota idea de lo que me había llevado hasta allí, lo que me detuvo en la puerta tanto tiempo. Cuando miré por fin la nevera lo entendí todo.

Allí, formando pequeñas hileras estaban las latas de cuervocola edición especial navidad en las que venía escrito el nombre de los personajes de cuervolandia, un singular invento del tercer gerente en el que afirmaba que había concentrado el sabor de cada habitante de cuervolandia. Preso de una curiosidad cercana al paroxismo decidí probarlas todas.

Empecé por la de Saturnino Cubero, al principio sabía a polvo, y a legajos pero a medida que lo saboreaba había una pequeña nota de sabor picante y revolucionaria que me incitaba a replantearme el orden establecido y empezar una microguerra enseguida, aún con ese sabor en la boca abrí y probé la de Valentín Schlinder Pashnavi, al abrirla me corté un dedo y me dolió pero al beberla deseé seguirme cortando pues experimentaba un extraño placer, asustado sólo se me ocurrió parar mis instintos suicidas abriendo la de Paco el arlequín que, como no, sabia a solysombra y a melancolía e incomprensión, llorando caté la de Quintanaurría y explotó el cosmos en mi boca como si fuera una psicofonía, ávido descubrí que no podía parar doña Antonia sabía a recuerdos de pasión desenfrenada Jaquelyn sabía a linimento, Fontevalero sabía a ornitorrinco y a Ibis,Athanasía a goma de mascar y licor del polo y el Arcipreste a vino de misa, poder y frangelico y por fin después de probar el sabor a primera calada y super ego de Lupiáñez llegué a la lata más fascinante, no ponía nombre sólo sé que era gris y que una vez abierta no puedo salir de ella. Quizá el año que viene alguien la venga abrir en Navidad, quizá no.... ojalá.

No se devuelven las cuervofichas tiradas al cuervopozo de los deseos. La gerencia no se responsabiza de su no satisfacción.

domingo, 2 de diciembre de 2012





El convenio de los grajos

Trabalenguas deslenguados para Cuervos olvidados.

Felíz aniversario al alimón.

I

Díjole el mulá a la mula
a Alá debes emular
y la mula al mulá dijo,
no me amoles más mulá
mal emulará la mula
al mulá que a Alá no emula
si el mulá no emula a Alá
mala mula y mal mulá.

II
Cuervos corvos y curvados
cruzan cruces y cruzados
frican crujen y no croan
cortan curten y recortan
corvos, y curvados cuervos
cortos y quebrados cuerpos
frotan y crían al cierzo
negros crótalos de viento

III
Zombis en Zimbabue
ziszas, ziszas,
zumban a zarpadas.

Zambos en Zancíbar
ziszas, ziszas,
zampan zamburiñas.

Zozobran las cebras
ziszas, ziszas,
zambulléndose a zancadas.

¡Zarambeques con zambombas,
ziszas, ziszas,
y con címbalos de Zambia!

IV
Plumada pluviosa y plúmbea,
plomizo plan:
Palmear, plas - plas - plas, en la platea.

Pulpos palaciegos pelean plegados,
se apalean a paladas
por paladear impúdicos placeres.

Galopando en plazas peladas,
golpeando, pegando, pagando,
pedaleando, plantando plastas...

Aplastando pulgas pelmazas,
palpando plañideras plenas.
Apilando plagas plutonianas.

v
SUSSUDIO/

Caseros sarasas se asan en saunas; sajan gaseosas pese a ensalzar, mes a mes, a Sarasate o a Saramago. Se solazan, asimismo, a solas en silos soleados. Sisan y lisian sin láseres al asesino de Sísifo, y así, sí que sí. Quesilete para mí.

VI
MISAL TANTAM/

Salivando lasañas y ensaladas de saldo sin salmorejo, Sara & Salazar por ensalmo salmodian, solemnes; o, sesudos, asaltan a asalariados salafistas por soleares saboreando Soleros.

Sentientes simbiontes estimulan sensatas mulas mutantes susurrándoles el sana-sana o maná-maná. Menta en los montes saudíes. Betún bajo el batán. ¡Batamantas imantadas! Balalaikas tucumanas.



domingo, 25 de diciembre de 2011

Seguidillas con bordón, que tiene muy mala rima



'Valor de ley'


Deseamos a todos los visitantes de Cuervolandia una muy feliz Navidad y una buena entrada en el 2012, al que desde aquí podemos verle ya las orejas.

También hemos de felicitar a todos los que compraron sus décimos de lotería en nuestra cuervoadministración, porque como ya saben, este año la región de los Monegros ha repartido el gordo y nos ha tocado. Al Sr. Cormonas le hemos enviado una generosa donación para que la destine a sus parques de atracciones "Los Palominos" (qué demonios, es Navidad), pues sabemos que también tiene sus seguidores.

Recogiendo el guante que nos lanzó un lector el año pasado, la gerencia adapta sus tradicionales versículos navideños a los corsés poéticos que, masoquistamente, se congratula en autoimponerse.

Bien, dese rienda suelta al plectro, pues:


I

Blancas y luminosas

Las Navidades
Llegan a Cuervolandia
Felicidades.

Qué maravilla
Con bordón felicitar
Por seguidilla.

II

Esta navidad,
Desierto Monegrino,
Queremos cantar
Encaramados a Pinos:

"Por cuervos y por patos,
No más sequía,
Queremos más relatos"

III

Esta crisis creativa
Que nos asola
La tenemos cercada
Pero no mola.

Juro en caliente
Que lo conseguiremos
Los tres gerentes.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Feliz Quinto Aniversario!! Cuervo-relato al alimón!!


'King Donald's'


'Lo del casting no es aquí... ¿Verdad?'


Quizá estaba nublado, quizá era por la tarde, quizá era domingo cuando Pipo Schumann el contorsionista imposible, guardaba cola impaciente pero concentrado, en otro casting más, uno de tantos a lo largo de su carrera. El ambiente no era muy distinto de las otras entrevistas: payasos, alegres y tristes, forzudos con bañador de rayas rojas, calvos y con bigotes a lo Richelieu, Magos chinos de largas uñas, sombrero hexagonal y coleta que miraban de refilón con aire desconfiado, mentalistas uruguayos que se retiraban antes de tiempo porque ya percibían en la mente de los entrevistadores que no los iban a aceptar, algún que otro ajedrecista de Zimbawe y hasta un mono vestido de botones que llevaba a su domador desnudo y lo hacía pasar por un aro…. La única diferencia con los otros cástings es que esta vez Pipo Schuman sentía que era su gran oportunidad…..

- Siguienteee. A ver, ¿alias?

- ¿No... quiere que le diga antes mi nombre?

- Su nombre sólo le importa a los administrativos, para los seguros, las nóminas y todo eso. Si supera el casting, tal vez algún chupatintas se lo pregunte después, pero ya le advierto de que empieza con mal pie. Es su nombre artístico o figurado lo que nos aporta información relevante, lo que las gargantas de los clientes gritarán y lo que se anunciará por los megáfonos oxidados una y mil veces. Debería saberlo.

- Álister el Imposible.

- ¿Especialidad?

- Pues... mire -humpf- esto. Y ahoraaa... -xssss, gñieaaa- ¡ta-da! E incluso, si me permite un momento para tomar impulso... ¡Homp! y... ¡bim! ahí está.

- Mmmm, vaya, vaya. No está mal. ¿Y come usted mucho?

- Lo justo para ser capaz de hacer lo que hago. Una vez al mes, acudo a un local de comida rápida para compensar.

- Suena sensato. Pero no todo consiste en cuidar el templo de nuestro cuerpo, amigo... ¿Qué me dice de su mente? ¿Qué lee usted, Imposible Álister?

- En estos asuntos me dejo guiar por mi buen amigo Yogui-gurú, que regenta una librería de viejo. El mismo día que voy a la hamburguesería, él me visita y me vende, o tal vez debería decir regala, antiguos e interesantes libros a un precio de risa. Los que van más a contracorriente, la retaguardia de la cultura. El grito ahogado de las mentes preclaras que nadan a contracorriente por las cataratas de los tabúes de nuestra sociedad autoamordazada, el eco de cuya caída, sin embargo, se deja oír estrepitosamente entre las generaciones futuras; ya sabe usted. Los últimos tres que leí se titulaban “El orgullo de la industria porno”, “Una defensa del bicameralismo” y “Mi vejez bajo la bota de la sultana”.

- Qué curioso... Alguno de ellos he leído, y me parecieron extraordinarios.

- ¿A que sí? Es que Yogui-gurú es una luciérnaga en la más obscura sima. Lo conocí durante mis viajes por Chechenia, porque yo provengo de Manitoba.

- A nadie le importa de dónde deje de provenir usted, señor. Limítese a responder a lo que le pregunto. ¿Se lleva usted mal con las madres?

- Uh... Excepcionalmente, sí.

- Correcto. ¿Conoce el valor de un caramelo lanzado al público?

- Depende de lo vivido y sufrido por quien lo recoge.

- ¿Cuál fue la última vez que perdió el control?

- Cuando, al enjuagar las almejas japónicas que había comprado, apareció un guijarro confundido en medio. ¡Yo pagué por ese peso, ¿entiende?!

- ¿Qué hizo con la piedra?

- ¿Eh? ¿Qué quería que hiciese? Pues un llavero, para recordar perennemente el fantasma de ese sentimiento y fortalecer la agudeza de mi ego en el futuro.

- Ya. ¿Considera usted que no hacer de vientre todos los días es síntoma de estreñimiento?

- No.

- ¿Es usted un hombre enamorado, Álister?

- Le he echado el ojo a una mujer con abrigo gris, pero poco más sé de ella, todavía. Respondiendo a su pregunta, aún no.

- A su juicio, ¿cuál es la mejor religión?

- Considerar otras “religiones” aparte de la única verdadera es herejía.

- ¿Sabe quién es Schlinder Pashnavi?

- Un maravilloso escritor.

- ¿Cómo definiría, en sólo dos palabras, a Cuervolandia?

- Tiempo. Lento.

- Es suficiente. Siguienteee.

¿Es el Parque de atracciones Los Palominos? Por favor, pásenme con la adjunta de dirección. Gracias, espero... Elspeth, ¡¡Por fin logro hablar contigo!! El Sr. Cormonas quiere despedirme!! No ha parado de gritarme hasta que se lo han llevado de nuevo al hospital para administrarle su dosis de calmantes… ¿Que Qué ha pasado? Pues que el que iba a ser el fichaje estrella como Jefe del Área de Innovación de Espectáculos de “Los Palominos” no ha aceptado… Si, si, el que te comenté que pasó todas las pruebas, Álister el Imposible… Contestó con gran soltura a todas las preguntas de la entrevista, pasó sin sudar las pruebas físicas, las pruebas de idiomas, incluso el examen de escritura braille para ciudadanos de Chitril,… Era perfecto para el puesto, con él pretendíamos revolucionar las estrategias de animación con nuevos números, innovadoras puestas en escena que hiciesen que el público se interesase aún más por nuestros parques de atracciones… Claaaaro, el Sr. Cormonas está que trina: había puesto muchas esperanzas en él, para poder aventajar a Cuervolandia. Por fin iba a poder convencer a la banca y a todos los inversores, por fin iban a ser capaces de hundir a ese parque que tanto se les ha atragantado… ¿Por qué ha rechazado? Bueno, cuando Cormonas le llamó para hacerle la oferta del puesto en firme, Álister al enterarse de que el puesto no era exactamente para Cuervolandia le contestó… “Lo siento mucho: No trabajo con imitadores”.

Cuervolandia: ¡¡Rechaza imitaciones!!