6 de enero de 2021

Kübler Ross


'Duelo bajo la miríada de soles'
 

En este tercer episodio, las ruedecillas dentadas del mecanismo de nuestras vidas siguen girando... por ahora.

 

Cuervo, cuervo, cuervo…

Cuando llegó el informe del registro de nacimientos del hospital, se confirmaron mis peores sospechas: nací el 23 de diciembre de 1973 a las 12:25… Irving Quintanaurría vino a anunciarme mi asesinato.

Al principio me mostré escéptico.

Me levanté de mi silla, apagué los micros y las cámaras, cerré la puerta por dentro y bajé las persianas de la sala de interrogatorios. Me volví a sentar delante de la mirada impasible de Quintanaurría, que aparte de haberse guardado el péndulo, permanecía en silencio, en la misma posición, sin mover un músculo de su cara…

-Esto que me está contando no es real, seguro que se trata de un error. Igual es una casualidad o está moviendo usted el péndulo... No sabe la de graciosas teorías de la conspiración que se oyen cada vez que hay dos asesinatos más o menos seguidos… Simplemente es una coincidencia y su teoría no se sostiene. Esto es una comisaría de policía y yo preciso evidencias científicas, no conjeturas pseudocientíficas ni cuentos de hadas…

Es más, ¿cómo sé yo que usted no es el asesino? Sabe datos importantes y conoció a la señora Arróstegui. ¿Cómo sé que el venir aquí no forma parte de un burdo intento para buscarse una coartada?

Irving me miró y dijo:

-Efectivamente. Usted no lo sabe, y no tiene ningún tipo de prueba que me incrimine… Puede elegir y decidir si hacerme caso o no, incluso puede detenerme si quiere, pero eso no va a cambiar lo que ha visto. Usted nació bajo la conjunción letal y lo que sí es seguro es que es dificil que salga de esta situación sin ayuda, inspector…

Miré a Quintanaurría y mi ira no hizo más que aumentar. No suelo perder los nervios en los interrogatorios, pero me miré a mí mismo haciéndole caso a un lunático con un cucurucho en la cabeza, un ridículo péndulo y unos mocasines con maravedíes en la trabilla… y de pronto dejé que la rabia me poseyera. Di un puñetazo en la mesa que hizo un sonoro estruendo, y como una exhalación cogí a Quintanaurría del cuello de su camisa y lo levanté un palmo de la silla donde estaba sentado. ¿Es esto una broma? ¿Una cámara oculta? ¿Acaso se está riendo de mí….? Llevo semanas enteras sin dormir apenas, intentando analizar cada cabo suelto de un complicado caso de asesinato múltiple y viene un fantoche, un fenómeno de feria, a decirme que moriré mañana, por no sé qué teoría estrafalaria… ¿Tan idiota cree que soy?... ¿Por qué hace esto? ¿Para qué lo hace?

Quintanaurría contestó con un hilo de voz…

-Se lo debo a Itziar… ¡¡Ella tampoco me creyó!! 

Dos lágrimas recorrían sus mejillas.

Lo miré a los ojos y me avergoncé inmediatamente de mi reacción… Itziar Montero Arróstegui, la víctima número 12, una joven de origen nicaragüense, era profesora de física en un instituto de la zona. Una vida ejemplar de superación a través del estudio había forjado en ella un carácter escéptico y racionalista, según los testimonios de sus familiares, compañeros y amigos, 

Sin embargo, esta persona tan racional quiso conocer el momento de su muerte consultando su carta astral; al analizar su cadáver se descubrieron en su cuerpo varios tatuajes de protección sefiróticos y ocultistas, y en sus ropajes se encontraron diversos amuletos chamánicos de procedencia desconocida…

Ella había intentado escapar de su hipotético destino acudiendo a prácticas de las que siempre renegó… Tenía miedo, no quería morir, sabía la hora de su muerte y aun así su balazo en la frente lo recibió en una calle concurrida, sin que nadie viera nada y sin que ningún dispositivo de vigilancia apreciase la más mínima alteración o imagen acusatoria.

-¿Pedimos un café? -sugerí con gesto reconciliador…

-Con leche y azúcar, por favor.

Pedí dos cafés.

En la breve pausa que siguió, Quintanaurría y yo permanecimos en silencio, él sentado de nuevo en su silla y yo de pie, dándole la espalda y mirando fijamente el falso espejo de la sala de interrogatorios cuya cortina había bajado, dejándolo totalmente cegado.

Trajeron dos vasos de café, los tomamos en silencio y me volví a sentar frente a Irving.

-Está bien: supongamos, y sólo supongamos, que tiene usted razón. Si el día de mi asesinato es mañana, sólo tengo que estar a esta hora en la comisaría y dejar que mis agentes se hagan cargo del asesino cuando venga a matarme...

Quintanaurría recuperó su tono neutro y me contestó.

-Eso no va a servir. Arróstegui, Cortezo y Pinni fueron asesinados en calles concurridas; Marosa lo hizo en un estadio, en un partido al que acudieron doce mil espectadores sin que nadie haya podido identificar al asesino, y los que se intentaron ocultar tampoco corrieron mejor suerte… Fernández Mildavia apareció en su refugio antiatómico con el mismo tiro en la frente y la misma nota que los demás… No se trata de un asesino común, Inspector. No se le puede atrapar con medios comunes, si es que se le puede atrapar.

Algo en el fondo de mi mente se quebró en ese momento. Puse la cabeza entre mis manos y lloré, lloré como nunca antes lo había hecho. Las lágrimas liberadoras brotaban de más allá de mi mente, quizá de esa parte de mí más atávica, irracional y primitiva que sabía que Irving tenía razón. Que estaba sentenciado y que era seguro que mañana iba a morir.

Pasaron delante de mí fragmentos de mi vida, mis primeros pasos, el abrazo de mi madre, las risas y lágrimas con mis amores y amigos, mis desilusiones, mis logros profesionales, los casos que me absorbieron los últimos años, la primera vez que me dispararon y la primera vez que disparé, la soledad, mis fantasmas, el vacío, el abismo, aquella maldita máquina.… Sentía que esos recuerdos estallaban en el suelo con cada lágrima y de pronto recordé aquello por lo que merece la pena seguir viviendo…  Empecé a aceptar la situación y reaccioné.

-Está bien, Quintanaurría. Si voy a morir, que sirva al menos para algo. ¿Cuál es su plan?

-Estoy a su servicio, Inspector Lucas.

 

CONTINUARÁ….

 

2 comentarios:

  1. La entrada de la Wikipedia dedicada a Kübler Ross nos da pistas de las 5 fases por las que el Inspector Lucas se ve impelido a transitar, por más que sea a su pesar y por más que este lo ignore: negación, ira, negociación, depresión y aceptación.

    Todas ellas quedan perfectamente plasmadas, según avanza el texto, en el frágil lienzo de la vida del policía...

    Proceso psicológico que también nos une a todos los lectores, pues de alguna forma nos sentiremos identificados con él si aún somos lo suficientemente humanos.

    Contando los días para la aparición del siguiente episodio, quiero despedirme aludiendo a un párrafo del mismo artículo de la Wikipedia citado al principio:

    "Lo que generalmente comparten todas las fases es la esperanza, hasta en los momentos más complicados hay una tendencia a pensar que aparecerá un medicamento nuevo o alguna posibilidad de curación, por más mínima que sea".

    Y es que, a veces, nos parece ver brillar las estrellas con mayor intensidad de la que muestran realmente...

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  2. Amiga Salobreña:
    Es un placer para la gerencia contar con lectores como usted que saben captar las pistas y el contenido de la narrativa que nuestro bienamado parque ofrece al que lo visita.
    Efectivamente elinspector Lucas sufre un duelo completo en apenas una hora de tiempo literario y lejos de afrontar este tema de una manera frívola la determinación del personaje hace que se reponga pronto de su infortunio porque se intuye una metahistoria en la trastienda emocional del personaje.
    La gerencia aprovecha esta respuesta para anunciar que el siguiente episodio se publicará el 16 de enero.. Esperando les guste.

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