viernes, 7 de agosto de 2009

Una Noche Sin San Malaquías


Beatus Ille

Aquella noche las estrellas lucían a través de la tupida capa de lejanas nubes negruzcas.
Aquella noche los negros flequillos de los emos no eran capaces de cegar las miradas amorosas y alegres.
Aquella noche el viento seco del desierto mecía el matorral con armónica cadencia.
Aquella noche el vino era rubí, los vasos eran diamantes, las velas (de la tienda de velas de cuervolandia) eran perlas... las verduras tibias servidas en los platos de plástico del cuervorrestaurante eran esmeraldas.
Aquella noche los perros abandonados aullaban boleros con sus gargantas resecas y sus colmillos rotos. Los cuervos graznaban pianissimo la sonata "Claro de Luna"... Los grillos y las cucarachas chirriaban por Papá Levante "Aunque Parezca Mentira".
Por una noche nada importaban los acertijos. Los misterios paranormales quedaron a un lado. No esperaba avistar OVNIS esa noche. Tampoco percibir psicofonías, o encontrarse con nuevos criptogramas dejados por ancestrales civilizaciones, ocultos en las etiquetas del Cuervofrutas.
Por una noche traducciones de antiguos textos apocalípticos no inundaban su mente. Tampoco recordaba la fecha y hora del próximo exorcismo al que el nuevo arcipreste le había invitado.
Por una noche San Malaquías y Nostradamus no se respiraban en el ambiente y el Apocalipsis se detuvo.
Aquella noche Irving Quintanaurría, Investigador de lo Oculto, estaba enamorado. Aquella noche era correspondido...