30 de diciembre de 2020

Destiny's Child

 

'Ida'

Segundo episodio de este Pandemonium de los hilos de nuestras vidas, que se entrecruzan con la precisión de un patrón de modas. ¿Saben las líneas de los patrones quién las ha trazado? Ellas creen que son libres...


Es difícil encontrar un lugar en el mundo, un propósito, algún hecho, percepción o fenómeno que surja súbito, como un fogonazo y que de repente nos revele el sentido de nuestra existencia, que nos libre de la culpa adscrita al albedrío y que nos otorgue la paz de no elegir ni decidir.

Decidir es el verdadero pecado que maldijo a la raza humana. Todo era puro e iba razonablemente bien hasta que Dios mostró a Adán y a Eva la oportunidad de decidir desobedecerle. Nos cuentan que Eva decidió comer el fruto del bien y del mal, que esa decisión fue la que nos expulsó del Edén y ese pecado condenó a nuestra especie a caminar por la existencia terrena buscando el camino de regreso, decisión tras decisión.

El hombre está condenado a la decisión eterna y los resultados de tomar esas decisiones tienen por consecuencia la lamentable necesidad de tener que tomar otras nuevas, y así sucesivamente.

No obstante yo pienso, y por lo tanto sé que, al ofrecer al hombre la posibilidad de desobedecer, Dios ya sabía que los humanos decidirían hacerlo; opinar lo contrario supondría negar la omnipotencia de Dios y su existencia misma. El destino existe, y lo que es más importante, podemos conocerlo, se nos muestra cada noche porque está escrito en las estrellas.

 Nacer es el único acto que aparentemente no decidimos y precisamente la hora exacta de ese acontecimiento es la que marcará la fecha de nuestra muerte. Todos tenemos un tiempo limitado, lo vivimos con mayor o menor intensidad, pero cada uno de nuestros actos, por pequeños que sean, obedecen a un fin concreto que escapa a nuestro conocimiento.

El conocimiento exacto de nuestro destino nos libera de la culpa y de la necesidad de juzgar nuestros actos con criterios morales, nos devuelve a la libertad primigenia del edén buscado y nos libera de la cadena del albedrío.

Desde pequeña me dediqué a estudiar la vinculación que existe entre el comportamiento humano y la maravillosa danza que bailan los cuerpos celestiales en el marco infinito del espacio y del tiempo. Me pasé la vida intentando entender los complicados encajes que traza el universo en su expansión, estudié y recopilé datos con mi Lettera 2000 para conseguir atisbar la belleza de su mecánica. Como es natural, lo que llamamos “método científico” no me ofreció ningún tipo de respuestas. Por eso recurrí a las ciencias marginales, al estudio de las mancias, a la astrología hermética y a la alquimia, y me empapé de los conocimientos de muchos sabios que dedicaron sus vidas, a lo largo de las eras, a estudiar el hilo de relación entre el universo y la vida.

Como toda investigadora pionera, decidí comprobar en la práctica lo que mis estudios claramente me señalaban; así que, tras estudiar en profundidad ciertas cartas astrales, di con una combinación de astros que determinaba con una exactitud pasmosa la muerte violenta de los sujetos nacidos en el minuto y la hora exactos de su alineación. La embriaguez de tal descubrimiento me hizo diseñar un plan maestro que me permitiese corroborar de un golpe la certeza de lo que hasta ese momento sólo figuraba en mi mente como teoría y suposición.

Con mi motivación y mis capacidades no me costó mucho conseguir un buen puesto en las oposiciones para trabajar como auxiliar de registro en el hospital de mi ciudad. Ello me facilitó el acceso a los nombres de las personas nacidas bajo la conjunción letal, en los últimos 60 años. De los de 50 casos a los que pude acceder, elegí a los 14 que me ofrecieron los datos más precisos en su carta astral y descarté aquellos que me despertaron la más mínima duda sobre su exactitud.

Marcelo Cedrón, nacido a las 18:45 el 24 de enero de 1967 fue mi primer investigado y el que desencadenó todos los acontecimientos que me han llevado hasta aquí.

Esperé a Marcelo en el lugar exacto que me indicó el péndulo de cuarzo verde sobre el plano callejero que regalaban en la oficina de turismo. El reloj marcaba las 02:30 de la madrugada y la hora de la muerte estaba prevista a las 02:32. Marcelo caminaba solitario por el otro lado de la calle. En cuanto me vio, con paso firme y sin vacilar se dirigió hacia mí y me tendió su mano.

Sin pensar, como si fuera una autómata, le tendí la mía y, tras un breve apretón de manos, colocó en ella una pistola del 38 con silenciador, me miró a los ojos con una templanza de otro mundo y me dijo…

Proceda…

En ese momento lo entendí. Eran las 2:32, en ese momento sólo yo podía acabar con su vida, sólo yo era el instrumento del destino, es más... ¡Yo era el destino!
 
No lo pensé ni un instante: cogí la pistola y disparé a la frente, obedecí a los astros; la decisión no fue mía, yo lo sabía, Marcelo lo sabía y los astros así lo habían escrito... Me sentí segura y liberada, todo funcionaba con la exactitud del más preciso de los relojes…

Sabía que después de esto no podría defender mi tesis sin incriminarme, pero quizá por vanidad dejé el papel mecanografiado con la fecha y hora de nacimiento de Marcelo para que quizá otro pudiera atar cabos y llegar a las mismas conclusiones que yo… Aunque, hiciese lo que hiciese, el destino ya lo ha decidido.

Cada vez que cumplía el destino marcado por las cartas astrales me sentía reconfortada por formar parte de un plan trazado por fuerzas más allá de mi comprensión, como una elegida del destino que ejecuta el plan infinito de Dios y se preocupa de cuidar del diseño inteligente de su paraíso…

Hoy, día 23 de diciembre, me dirijo a realizar las dos últimas encomiendas que las estrellas me han reservado…
 
CONTINUARÁ
 
 

24 de diciembre de 2020

Valor cartastral

 

 

"Made in heaven, made in heaven,
It was all meant to be... Written in the stars..."

 

Esta vez es uno solo de los gerentes quien nos trae esta epatante historia. ¡Hulk destruye, Cuervolandia INNOVA!

Cuervo, cuervo, cuervo….

Cuando Quintanaurría se puso el cucurucho forrado de estrellas y constelaciones y sacó su péndulo de cuarzo verde me dieron ganas de sacarlo a patadas de la comisaría, pero decidí darle una oportunidad a la curiosidad y postergar ese momento, quizá porque estábamos cerca de Navidad, quizá porque ese día había desayunado bien, quizá porque estaba empezando a desesperarme en la resolución de los crímenes del relojero.

Tenía  12 informes de víctimas en la mesa de mi despacho, todas asesinadas por un tiro certero en la frente  disparado por una 38 no registrada y con silenciador, parecían personas escogidas al azar, no había nexo entre ellas, no había ni una huella, ni un testigo, ni una triste pista… el asesino siempre se adelantaba a nuestros pasos, llevábamos cuatro meses investigando y no salíamos del mismo maldito punto de partida.

Quintanaurría sabía perfectamente a qué venía y por supuesto, supo exactamente qué palabra decir para conseguir pasar de la recepción a mi despacho. ..14:35, no hizo falta más.

El investigador de lo oculto, como ponía su tarjeta, de color marfil añejo con una línea beige, bonita, pero no impactante, no esperó  una invitación a sentarse, sabía que la conversación no iba a ser breve.

¿Cómo lo supo? Le pregunté sin rodeos, 14:35 estaba escrito en la nota que apareció en la mano del último cadáver, todas las demás notas  aparecidas en los otros 11 cadáveres tenían una hora diferente marcada en números escritos por una máquina de escribir Olivetti Lettera 2000, no habíamos filtrado el dato jamás, pero Quintanaurría lo sabía y por eso estaba delante de mí con su cucurucho y su péndulo, sosteniendo mi mirada sin aparentar nerviosismo alguno. Su respuesta no se hizo esperar.

-Los astros me lo dijeron.

Mi paciencia estaba ya empezando a ponerse a prueba… pero no me dio la impresión de ser el típico bromista que por cuenta de los asesinatos vienen a tomarle el pelo a la policía o a intentar sacar la tajada mediática del charlatán de feria.

Explíquese, le dije.

-Como usted sin duda ignora, soy un parapsicólogo investigador de lo oculto, he dedicado muchos años a estudiar el fenómeno de las cartas astrales y puse un anuncio para buscar voluntarios que se dejaran realizar una, sólo les pedía su fecha y hora exacta de nacimiento para intentar conocer su destino a través de su carta astral… Pues bien,  la última víctima, la Sra. Montero Arróstegui, era cliente mía, y al realizarle su carta supe inmediatamente que iba a morir asesinada el día 19 de diciembre de este año, porque su fecha de nacimiento fue el día 22 de mayo de 1963 y nació…. a las 14:35. Los astros que regían ese momento indicaban inequívocamente su fecha de muerte.

Cualquier observador medianamente cuerdo ya habría mandado a paseo a Quintanaurría mucho antes de oir mencionar la palabra “carta astral”, sin embargo, por loca que pareciese, su hipótesis era la más sólida que teníamos hasta hora.  Intrigado, consulté varios dossieres al azar que tenía en mi mesa y le contesté con cierto aire triunfal…

-Mire, Sr. Quintanaurría, ni me gusta perder el tiempo, ni me gusta hacérselo perder a los demás. Como puede comprobar en estos documentos del Registro Civil que constan en los  expedientes de las demás víctimas, las horas de nacimiento no coinciden con las que figuran en las notas encontradas.
 
Quintanaurría  me miró atentamente y lejos de mostrarse molesto  o airado me contestó muy serenamente. 

-Los datos de hora de nacimiento del registro no son fiables, son declarados por el padre cuando va a registrar al recién nacido. Los verdaderos datos se encuentran en el registro del hospital. Y en ellos me baso para elaborar las cartas. Como puede comprobar, la hora de nacimiento de la señorita Montero Arróstegui no es la que figura en la hoja registral de su expediente…

He de reconocer que esa respuesta me dejó impresionado, las piezas del puzzle cuadraban casi tan perfectamente que la teoría de Quintanaurría no sólo dejó de parecerme absurda, sino que me empezó a gustar.

Entonces según Usted, ¿el asesino puede tener conocimientos de astrología?

Quintanaurría elevó su péndulo sobre la mesa y este empezó a girar lentamente.

-Eso no lo sé, pero puedo decirle que el destino está escrito en las estrellas, que ni usted ni yo estamos aquí por casualidad y que la próxima víctima ha nacido el año 1973, el 23 de diciembre a las 12:25 y seguramente morirá mañana a las 15:28 exactamente. 

En ese momento el péndulo se detuvo apuntando en mi dirección sin obedecer a las normas físicas de los movimientos de oscilación pendular ni de la ley de la Gravitación universal…

El 23 de diciembre era mi cumpleaños.

CONTINUARÁ.