27 de febrero de 2021

Gerente por un día (Nº 5): Anagnórisis / Spin off

 

Nos complace sobremanera poder contar de nuevo con la sección "Gerente por un día" en Cuervolandia, en este caso de la mano de nuestro atento lector y colaborador Chilindrotes, procedente del Llano de los Hornos, Zihuatanejo.

Muchas gracias, Chilindrotes. Esperamos que no sea esta su única gerencia interina... ¡Marchando estas dos piezas de Cuervoatmósferas rotundas como la copa de un pino!

 

 

'No cantaré hoy para celebrar vuestra singladura, 
pues os deseo un seguro retorno'

 

Anagnórisis


He visto cosas que no creeríais… He visto la Llave Única que abre portales a mundos incomprensibles hasta para el que más sabe de los Gerentes. He visto elevadores hechizados, capaces de convertir en orate al más flemático de los matemáticos. 0, -1, 1, 00, 2, 01, 3… Al contemplar tal sucesión numérica, sin orden ni concierto alguno, enloquecen sin remedio. Pero nada de lo que he visto es comparable con este nuevo mundo que se ha abierto ante mis ojos. Un mundo de chirriantes atracciones de feria, correosas piruletas y desvencijados letreros señalizadores. Todos los seres que en él habitan, desde Maximilian, el más cuerdo de los piruleteros, hasta Cubero, el más intrigante de los contables, bailan al son que tocan tres gerentes dementes. Tras leer la última historia pergeñada por sus maquiavélicas mentes, de algún modo lo sé. Sé que un día cogeré mis bártulos y me iré en busca de ese lugar semioculto entre la bruma del desierto de los Monegros. Pues, cual Agláope seductora, un graznido me llama a través de lejanos y viejos altavoces…

 

 

 

'Houston, ¿me reciben?
Houston, contesten, por todos nuestros ***tos  ancestros'


Spin off


Cuenta la leyenda que uno de los gerentes de Cuervolandia estuvo durante un tiempo en posesión de la Llave Única. Cierto plomizo día en el que no tenía nada mejor que hacer, se decidió a abrir uno de los portales mágicos. Al entrar, aparentemente todo era normal: vestíbulo amplio y luminoso, buzones en la pared lateral...Cruzó el vestíbulo y entró en el ascensor.

{0, -1, 1, 00, 2, 01, 3…} ”Calma” -pensó-. ”Afortunadamente soy de letras, este hechizo no me afecta en modo alguno”. No obstante, una gota de sudor frío recorrió su frente y no pudo evitar que sus piernas temblequeasen como juncos movidos por el viento. Salió del ascensor y se dirigió con paso vacilante hacia la puerta color lapislázuli con ventana de ojo de buey que tenía ante sí. Pero no pudo entrar, pues se había olvidado en el despacho la dichosa pildorita roja, sin la cual no era posible traspasar la puerta.

- “Mecachiiiss. Ahora tendré que volver otro día. ¡Menuda faena!”

Contrariado, volvió sobre sus pasos. Nunca más volvió a cruzar aquel portal. Ese mismo día, la Llave se deslizó del bolsillo de su pantalón de lino beige, cayendo por una alcantarilla semiabierta. Desde entonces, su ubicación es todo un misterio.


7 de febrero de 2021

Documentary

 


 'As you from crimes would pardon'd be,

Let your indulgence set me free'.


Truecumentary, telecoloquio, psicodramatis personae... Llámenlo como quieran, pero esta coda se antojaba, más que oportuna, imprescindible. El gerente ponente de esta macronarración mueve los hilos de las estrellas cuyos giros hacen latir los corazones de los personajes. Este es su pulso.


...Landia, landia, landia.

 

El presentador miró fijamente a cámara y, tras unos segundos, rompió el silencio con las siguientes  palabras…

-Hola, ciudadanos inquietos. Bienvenidos al Propileo de la Acrópolis, un programa de amistosa tertulia donde abarcaremos temas de actualidad de una manera alejada de lo frívolo y lo insustancial… Aquí no hay muñequitos graciosos, ni organilleros, ni tazas, ni decorados de ciudades nocturnas que venden un cosmopolitismo impostado. Aquí se viene a debatir sobre temas de interés con opiniones fundamentadas. Si usted no busca lo que ofrecemos, no se preocupe, tiene muchos canales para reconfortarse disfrutando de la realidad consumista que están deseando venderle.

El silencio en la sala acompañaba la solemnidad de la engolada voz del presentador, muy criticado en redes sociales por la dureza que reflejaba en sus diatribas contra lo que él llamaba la “hipocresía neofeudal de los medios”, lo cual quizá le hubiese importado si no fuera porque le encantaba sentirse como un azotador de mentes.

-El tema que hoy nos ocupa es la creciente polémica sobre el destino... ¿Existe el libre albedrío? ¿Somos en realidad responsables de nuestos actos? ¿Pintamos algo en esta vida? La primera reflexión al respecto correrá a cargo de nuestro primer invitado, el profesor Quintanaurría, un eminente parapsicólogo que recientemente ha tenido una experiencia mística que ha puesto en cuestión sus creencias al respecto… Díganos, Irving: ¿en qué consistió su revelación?

-Muchas gracias… Como todos ustedes sabrán por mis publicaciones, durante muchos años he creído firmemente en el determinismo astrológico de nuestros actos vitales. El saber que existe un destino marcado y que no existe decisión ni libre albedrío, nos libera de la culpa; si morimos es porque tenemos que vivir, si nos amamos es porque está escrito que nos tenemos que amar, y si matamos es porque está escrito que tenemos que matar…

    Como ustedes también sabrán, en mis tesis intenté demostrar esta teoría basándome en la exactitud de las profecías que figuran en las escrituras jeroglíficas de las antiguas civilizaciones centroamericanas. Dediqué parte de los mejores años de mi juventud a intentar comprobar este fenómeno, y un día me llamó la atención una antigua leyenda nicaragüense acerca de dos princesas indígenas que fueron amantes y se transformaron en una roca de cuarzo verde para vivir unidas por siempre, pero que fueron separadas en contra de su voluntad. La leyenda nos contaba también que, para volver a unirse, era preciso realizar un hechizo para el que  eran necesarios trece sacrificios de personas nacidas en una extraña conjunción astral.

    Esta leyenda aparecía en un libro llamado Antiguas Leyendas del Momotombo, editada en una edición de lujo que sólo se compra en determinadas librerías esotéricas de Londres, y en la que se daban detalles de la posición exacta de los astros que debían confluir en el nacimiento de cada víctima... Además, determinaba el día y hora de su sacrificio en cada caso.

    Uno de esos libros llegó a mis manos a través de la que iba a ser la penúltima víctima, Itziar Montero Arróstegui, que vino a mi despacho intentando escapar de lo que, según ella, era su destino… Es duro para mí decir esto, pero al principio colaboré con ella por puro egoísmo, más que por evitar su muerte. Quería saber si podrían torcerse los caminos trazados por las cartas astrales y dar respuesta a mis teorías.

    Investigando su caso, me desplacé al volcán Massaya, puerta del infierno chorotega, y allí invoqué a la diosa Chaciutique, señora del fuego y guardiana de la puerta del infierno, con la que tuve… una conversación muy interesante sobre la leyenda en cuestión, y que no es oportuno relatar ahora…

En ese momento se oyó una carcajada…

-¿Que no es oportuno? ¿Que no es oportuno?... ¿Por qué no es oportuno? Jo…r cómo eres, Quinta, cariño. ¿Te da miedo contar a esta gente cómo me timaron? ¡¡Si eso fue hace más de setecientos años!! Siempre fuiste un mojigato, por eso te quiero, tolai... Jajajajajajá.

    Oye, rubio, ¿hay otro cubata para la diosa? -dijo dirigiéndose al regidor.

    Bueno, deja que ya lo cuento yo, que tú no te explicas. Resulta que la princesa Niyujui tenía el don de la belleza y la armonía, y la muy pájara hacía que todos nos enamorásemos de ella nada más conocerla... A la que más cameló fue a la hermana de su marido, la princesa Nequepio, una de las hechiceras más poderosas de su época y que además estaba bendecida con el don de la elocuencia, con lo que convencía con su labia a todo Dios (literalmente). A mí misma  me vendió la moto que pone en esa sarta de mentiras del libraco ese que tanto os alucina… Que si Niyujui y ella se amaban, que si el marido de Niyujui era un cazurro y una mala bestia (bueno, eso  era cierto) y que si no merecían morir en mi volcán por un revolcón de nada… Bueno, que me comió la oreja y me supo ofrecer lo que yo más quería en el mundo… Mi libertad…

    Neque me dijo que si yo las convertía en cuarzo inmortal, ambas me sustituirían como guardianas del infierno, que su churri estaba de acuerdo y que era un plan sin fisuras. Me lo firmó en un contrato con su sangre…

    Pero el día del sacrificio, el rey sólo iba a sacrificar a Nequepio; quería demasiado a Niyujui como para sacrificarla. El muy imbécil pensaba que se puede imponer el amor por la fuerza... ¿¿Viene ese cubata o qué??

    Gracias, corazón.

    El caso es que Nequepio era como su hermano el Rey Nangue: en realidad no amaba a Niyujui, en realidad la quería como posesión y trofeo, pero sobre todo para hacerle daño al lerdo de su hermano, quien no sólo tenía la corona sino que ahora también tenía la mujer más hermosa del reino... Un reino que ella se merecía mil veces más, pero que no podía disfrutar por ser mujer… Odiaba tanto a su hermano y deseaba tanto a Niyujui, que decidió hacer lo que nadie se esperaba: cuando la iban a tirar al volcán, hechizó a los allí presentes y todos la dejaron pasar; abrió un pasillo hasta Niyujui, tiró de ella hasta el borde del volcán, la abrazó con fuerza y saltó sobre mi cráter… Nadie vio cómo lo hizo.

    El hechizo funcionó perfectamente, ambas se convirtieron en cuarzo inmortal…  pero a la hora de dejarlas allí cuidando la finca, Niyujui se puso a llorar y me dijo: "¿qué me has hecho? Yo no quiero estar aquí, yo no quiero ser inmortal, quiero salir de aquííí…" Y como no firmó conmigo ningún contrato, no podía obligar a Nequepio a cumplir, porque ahora Niyujui y Nequepio eran un solo ente inmortal y yo no podía ni destruirlas ni separarlas.

    Total, me encuentro sola otra vez cuidando del volcán y con la cab..na de Nequepio toda empoderada, con su churri encarcelada en el cuarzo de por vida y sin posiblidad de escape…

    Tres erupciones tuve del disgusto… ¡¡Tres!!

    Bueno, el caso es que sucedió lo que a mí me parecía imposible: el patán del Rey Nangue, sin saber cómo reaccionar, tiró la piedra a la roca sagrada, brotó la fuente y ellas se separaron…

    ¿No hay unas patatas aunque sea…?

Quintanaurría aprovechó la pausa para continuar.

-El caso es que las leyendas nos cuentan que, a lo largo de casi siete siglos, ambas piedras se andaban buscando, aunque en realidad  una estaba huyendo de la otra, y además para juntarse tenían que morir trece personas nacidas en la conjunción letal… Lo que pasó en aquellos siglos sólo lo puedo conjeturar. Al parecer las dos piedras de cuarzo se dedicaron a poseer seres humanos... No eran posesiones completas, sino que usaban su influencia sobre sus portadores para lograr sus objetivos. Así el péndulo de Nequepio logró localizar y matar a doce de los trece elegidos…

-Perdón, aquí tengo algo que decir…

-Hable, Lucas…

-Como sabrán, yo soy uno de esos trece, y además soy policía. He investigado el libro de leyendas y efectivamente, el libro une a casi todas las víctimas una a una. Era imposible no establecer una relación, pero ¿cuál era? ¿Por qué yo no lo sabía? ¿Y por qué hay otras víctimas que no aparecen en el libro?

    Pues bien, resulta que las víctimas unidas por el libro tienen como denominador común a la abuela de Itziar. Fue ella la que conocía la leyenda, la que sabía a quién y cómo contarla, y además transmitió la versión interesada de la historia: la de un romance para unir dos almas separadas. Posiblemente, la madre de Itziar también fue utilizada... Hasta diría que el péndulo de Nequepio influyó a la madre de Itziar para que la engendrase en una determinada fecha; incluso forzó su nacimiento en la hora exacta.

-¿Está diciendo que la propia Nequepio influyó en la creación de sus propias víctimas?

-Por lo menos en el de Itziar fue así. Nequepio influyó al menos a tres generaciones de la familia de Itziar para que intentaran localizar al mayor número de víctimas posibles….

    Usando la historia de su abuela, localizó al menos a seis de ellas y las convenció para que se unieran contra el destino marcado para ellos en la conjunción letal. Publicaron un libro para localizar a las demás víctimas e intentar salvarlas, pero sin saberlo estaban cayendo en la trampa del péndulo de cuarzo. A través de Itziar, el péndulo sabía quiénes eran, cómo localizarlos... Además, sabía cómo ocultarse y cómo matarlos sin que nadie los viera.

    Entonces, el destino no está escrito en las estrellas. Las trece víctimas podrían haber seguido vivas si no las hubieran asesinado. Todo fue provocado por el ansia de supervivencia de una hechicera chorotega de más de 700 años.

    El caso es que, para conseguir sus objetivos, Nequepio no sólo contó con Itziar. También necesitó utilizar a uno de los mejores parapsicólogos y ocultistas del mundo. Sí, Irving, estoy hablando de usted…

-Pero Lucas, ¿qué está diciendo? ¡Eso es imposible! Yo no tuve nunca en mis manos el péndulo de Nequepio…

-No hizo ninguna falta. Lo peor de estas posesiones es que el poseído piensa todo el rato que todo ha sido idea suya, que sus conclusiones son producto de la lógica y que no está influido por nadie, pero usted sí lo fue, Irving…

-Esto es inesperado. Muy bien, Lucas, explíquenos cómo fue esa influencia.

-Itziar  era  la víctima número doce; nos localizó a las otras víctimas gracias al libro y a sus conocimientos de astrología. Quería salvarlos a todos, pero no pensó en la víctima número trece porque ella tenía la esperanza de parar el hechizo. Sin embargo, cuando ella le entregó el libro, le llevó directamente al último elemento que le faltaba a Nequepio para completar su puzle… No bastaba con asesinar a trece personas, Niyujui también tendría que estar presente…

En este momento, Chaciutique, que estaba acabándose una bolsa de Ruffles desparramada en su silla, empezó a aplaudir lentamente.

-¡Muy perspicaz, Lucas! Efectivamente, Niyujui huyó al único lugar donde Nequepio sola no podría venir, porque de haberlo hecho tendría que cumplir su contrato y guardar el infierno. Pero si sacrificaba a las trece víctimas, ambas volverían a unirse y Nequepio volvería a salirse con la suya. Y yo quiero mi libertad y mi derecho a morirme algún día después de haber disfrutado de la vida, ¡¡¡jod…!!!

-De modo que Nequepio también huía de ti …

-Efectivamente, no había ..ta manera de localizarla, pero cuando Quinta vino a salvar a su amiguita me tocó la ..dida lotería. Le di la piedra de Niyujui y ella le poseyó. Aunque Nequepio ya sabía que eras tú la víctima trece, Niyujui hizo que Irving te contactase y te guiase al escenario final: al parking de Cuervolandia, un lugar de especial magia telúrica y donde me puedo aparecer en las condiciones adecuadas... ¡Sólo nos faltaba un segundo de distracción, y para ello nos ayudó el amigo de Irving, Paco el Arlequín!

El arlequín hizo un saludo silencioso a cámara.

-Bueno, Lucas, pues te contaremos lo que pasó porque tú no te acuerdas de nada. ¿Recuerdas que Irving te dio con el péndulo en la frente? Pues  en realidad lo que hizo fue meterte el péndulo en medio de tu cráneo... De ese modo, cuando tu verdugo disparó, la bala se introdujo en el cuarzo y así Nequepio cayó en su propia trampa... Al matar a la víctima número trece, poseída por su amada, en realidad mató el cuerpo mineral de Niyujui, su espíritu quedó liberado y tú no moriste porque tienes la cabeza más dura que el cemento, tío, vaya almendra que tienes.

    Total que, cuando todo pasó, me hice con Nequepio convertida en un solo ser mineral y me aseguré de que cumplirá su contrato. Guardará el infierno sola, pero no te preocupes por ella. Ahora podrá cumplir su sueño de atormentar para siempre a su hermano,  el difunto Rey Nangue… que está  ahora mismo sometido a ella en las profundidades del averno. En el fondo, ha cumplido su venganza…

    Bueno, chatos, me aburro, yo me voy a Ibiza unos días con quien se apunte…

-Muchas gracias, Diosa Chaciutique... Para terminar el programa, ¿concluyen ustedes que no existe el determinismo en la astrología? ¿Irving?

-Bueno, lo que se puede demostrar es que en este caso no ha sido así, por lo que sólo puedo decir que mis planteamientos iniciales permanecen indemostrados.

-¿Lucas?

-En realidad, las 13 víctimas teníamos a nuestros asesinos planeando nuestra muerte mucho antes de que hubiéramos siquiera nacido. Los astros no tienen escrito nada, son los dioses y los hombres los que proyectan en ellos sus planes más  abyectos. Rotundamente creo que no hay nada escrito en nuestro destino.

    Así como Itziar fue influenciada para localizarnos a todos, la asesina también fue influenciada por Nequepio y la debió de guiar muy bien hacia el estudio de las cartas astrales. Estudió a cada víctima hasta el último detalle y las ejecutó en la hora exacta. Creí reconocerla en la funcionaria del registro del hospital que me trajo mi fecha de nacimiento, y que se encuentra desaparecida desde el 23 de diciembre, o en la camarera del bar que me cobró el café de anoche. Seguramente sea una persona normal que ahora se esté haciendo muchas preguntas…

-De pronto recibimos una llamada anónima desde un lugar indeterminado que pide entrar en directo. Adelante, por favor…

-El día 24 hubo trece víctimas y efectivamente se cumplió la profecía de su constelación natal. El destino existe y yo fui su ejecutora -la mujer del abrigo rojo tomó la palabra-. El hecho de que yo estuviera influida por el interés personal de una hermana hechicera del pasado, no quiere decir que el destino de esas personas no estuviera escrito. Todos nuestros destinos lo están.

-Sin embargo, yo estoy vivo.

-¿Seguro, Lucas? Cuando te disparé, el péndulo y tú erais un mismo ser; ese ser ha fallecido. Con ese disparo murió Niyujui, y tú eres simplemente su cáscara.

-Puede usted pensar lo que quiera, pero lo cierto es que toda su vida ha estado influenciada por Nequepio, aunque por lo que veo, usted seguro que piensa que todo era idea suya y que todas las víctimas se entregaban a usted voluntariamente porque así estaba escrito, cuando en realidad eran víctimas de hechizos de sugestión.

-Yo soy el instrumento del destino… Yo he cumplido un plan que va más allá de tu comprensión, y mis actos siempre estuvieron determinados por una fuerza más grande que todos nosotros…

-En realidad, usted también es otra víctima de esta historia. Es sólo parte del plan de huida de un mineral con alma, piense en ello…

Clack (Se colgó el teléfono)

-Bueno, amigos, esperamos que si no hemos arrojado luz sobre la existencia del destino, al menos hayamos abierto un debate constructivo.

    Cerramos aquí el debate documental sobre la conjunción letal. ¿Estará destinada esta historia a acabar aquí? ¿Querrá el destino que haya nuevos episodios, crossovers o spin offs?
 
    Que sea lo que los astros digan... Ahora es el momento de despertar.

 

Cuando los lectores de Cuervolandia se despertaron, volvieron a creer en el destino y además creyeron que lo habían decidido ellos.

 

30 de enero de 2021

Endgame

 


 'Hierofanta'

 

Capítulo final de la saga 'Conjunción letal'. La quinta dosis es la que cierra el círculo y la que permite alcanzar la inmunidad de la bandada de cuervos ante las historias que nos endosan gestores bancarios, agentes de seguros y políticos varios. Apriétense la goma con los dientes y preparen la vena.


Cuervolandiaaaa…

La mujer se bajó del SEAT 600, saltó sobre Quintanaurría y le plantó un largo beso en la boca. En calidad de atónito y azorado observador de esta escena, no pude sino darme la vuelta pudorosamente y esperar un minuto y medio mientras observaba el lugar donde se desarrollaba esta escena surrealista que estaba viviendo en estos momentos.

Estábamos en algún lugar del desierto de los Monegros, concretamente en el parking semivacío de un extraño parque de atracciones cuyo nombre era anunciado por lejanos y viejos altavoces… No era un lugar desagradable, pero me producía cierto inquietante desasosiego, probablemente porque a pesar de no estar comunicado por ninguna carretera con ningún sitio, el lugar tenía parking y había algunos coches aparcados. Estábamos a 24 de diciembre y eran las 14:30.

Habíamos llegado andando hace dos horas, Quintanaurría había trazado con tiza un círculo en el suelo con extraños símbolos rúnicos y llevaba largo rato haciendo una especie de conjuro que incluía ofrendas, exvotos y cánticos en lenguas desconocidas.

Mientras él bailaba y cantaba dando vueltas a su círculo, yo aún seguía dándole vueltas a mi cabeza, había hecho examen de conciencia y me preparaba para asumir con entereza el destino que, al parecer, estaba escrito para mí en las estrellas.

Según la constelación que rigió mi nacimiento, dentro de una hora y 28 minutos va a aparecer en medio de esta nada una persona que me disparará un tiro en la frente. Por la trayectoria de los disparos anteriores probablemente lo hará a una distancia de aproximadamente un metro, apretará el gatillo con la mano derecha y yo, al igual que las otras 12 víctimas, recibiré el disparo en una posición relajada y sin signos de defensa, dolor o temor, por lo cual sospecho que estaré sumido en una especie de trance hipnótico o bajo el efecto de una droga. Cuando haya acabo su cruel misión, esa persona dejará una nota sobre mi cadáver con mi hora de nacimiento, las 15:28, escrita con una Olivetti Lettera 2000.

El motivo de mi asesinato se me presenta aún borroso, porque por una parte entiendo que la persona que me asesinará lo hará porque comparto mi destino con otras doce víctimas que han nacido bajo una conjunción letal, aunque, tras la lectura de la leyenda Chorotega del volcán Massaya, empieza a tomar forma en mi cabeza la sospecha de que mi muerte obedece a un plan más elaborado en el que las doce víctimas, el asesino y yo somos simples peones en una partida concebida hace mucho tiempo.

En medio de mis pensamientos oí el ruido de un motor a lo lejos. A medida que el ruido se hizo más fuerte y nítido, apareció por el horizonte un SEAT 600 pintado con rombos blancos y negros que tardó un rato en llegar, y cuando aparcó justo delante del círculo, contemplé estupefacto que iba conducido por el musculoso arlequín de la cafetería.

El arlequín saludó a Quintanaurría desde el volante. De repente se abrió la puerta del copiloto y descendió del coche una mujer menuda, de unos 67 años, con el pelo muy rizado, casi afro, con unas gafas de sol grandes y redondas, chaleco, pantalones bombachos holgados y llena de anillos, collares e innumerables abalorios.

-¿Qué pasa, Quiiiin? ¡¡Tíooo, cuánto tiempo que no me invocas!! 

Sin dar oportunidad a la réplica, saltó sobre Quintanaurría y le plantó el tremendo beso en la boca con el que ha comenzado este relato.

-¡¡Qué bien besas, ladrón!! ¿Me has preparado lo mío?

Quintanaurría hizo una señal, el arlequín sacó una nevera portátil del coche y preparó un litro de calimocho. La mujer se sentó en el suelo, justo delante del círculo que Quintanaurría había trazado, y se sirvió un vaso mientras Quintanaurría ofreció lo que yo prefiero interpretar como un cigarrillo, para no verme obligado a detener a quien quizá fuese mi única oportunidad de descubrir la verdad de todo este enloquecido caso. Una vez acomodada, me señaló mirando a Irving.

-¿Quién es esta prenda? -dijo mostrando una sonrisa llena de braquets.

-Inspector Lucas, le presento a Chaciutique, diosa nicaragüense del fuego y guardiana del volcán Massaya, a la que intuyo querrá usted hacerle muchas preguntas...

-Encantado de conocerla -dije yo, intentando disimular mi estupefacción. A estas alturas la lógica ya estaba fuera de la partida, pero si quería resultados, tenía al menos que seguirle el juego a Quintanaurría…

-¡¡Qué educao eres, tronco!! Apaláncate una birra y yo te explico lo que quieras... ¡Y llámame Chaci, porfa, que mi nombre completo se os hace siempre bola a los humanos!

-Está bien -dije intentando no pensar en lo ridículo de la situación-. ¿Qué es la conjunción letal? ¿Por qué me van a matar dentro de… 45 minutos?

-Así me gusta cariño. ¡Al grano, que el tiempo apremia!

Chaciutique dio una calada al “cigarrillo” y dijo:

-Porque tú eres el último sacrificio que hace falta para que se rompa el hechizo de la sinvergüenza de Nequepio…  Sí, ya sé que te has leído la historia.

-¿Qué clase de trato hicieron Nequepio y usted?

-¡Que me trates de túu, hombre ya! ¡¡Relajaté, que eres un afortunado!! ¡No sabes la envidia me das, que te matan en una hora! Yo aquí toda la eternidad existiendo y estoy hasta los ovarios… Bueno, al loro, yo lo que pacté con esa golfa era que, si yo le salvaba el culo a su novia, ella me sustituiría como guardiana del inframundo por lo que queda de eternidad…

    Yo cumplí mi parte y convertí a ambas en una pieza de cuarzo viva que las mantendría unidas para siempre, y así yo podría por fin tener una existencia terrenal de persona mortal y vivir la vida sin tener que estar en ese **to volcán, e irme de fiesta en fiesta hasta que el cuerpo aguante… Pero algo salió mal y aquí me tienes, sólo salgo a dar una vuelta cuando colegas como Quinta me invocan para darme un alegrón de vez en cuando.

En este instante, la deidad apuró de un sorbo largo el tubo de calimocho, y tras exclamar "¡¡Ahhhh, que buenoo!!", retomó la historia.

-Bueno, amor, pues acelero antes de que te apiolen. Resulta que el machista maltratador del Rey Nangue encuentra el corazón y las separa, y para que vuelvan a juntarse son necesarios 13 sacrificios de personas nacidas en la conjunción astral que ya conoces, y nada, macho… que te toca… Tómate una, que te va a hacer falta… -dijo extendiéndome una cerveza y cogiéndose otra para ella.

Iba a abrir la lata y tomármela cuando me vino una idea a la cabeza…

-Niyujui no quiso, es eso lo que salió mal, ¿verdad?

Chaciutique me miró y su rostro demudó en un gesto entre triste y serio…

-Eres muy perspicaz, Lucas. El trato era con Nequepio, a ella sí la podía obligar a ocupar mi puesto en el volcán, pero a Niyujui no… Cuando hicimos el pacto, Nequepio me dijo que Niyujui estaría de acuerdo, pero no era así; cuando se tiró al cráter agarró a Niyujui contra su voluntad y la forzó a estar unida a ella por toda la eternidad, convertida en cuarzo… Si la vida eterna es un castigo de por sí, estar atada a otra alma por toda la eternidad me parece una crueldad aún más terrible… Al principio me cabreé tanto que intenté matarlas a las dos y entré en erupción durante tres días, pero el hechizo ya estaba hecho, ambas eran una pieza de cuarzo inmortal… y si no querían ambas vigilar la puerta del inframundo, tendría que quedarme yo en mi eterna condena, aunque involuntariamente ese cretino del Rey Nangue, al tirar la piedra contra la roca sagrada, solucionó el problema: las separó y ahora una busca a la otra, y la otra intenta evitar la unión…

-¿Las víctimas lo sabían?

La deidad Chorotega se puso a cantar en bajito, casi susurrando una especie de mantra monocorde.

En ese momento, intervino Quintanaurría.

-Efectivamente, Angélica Pinni Lestrade era amiga de Itziar Montero. Cuando Itziar le contó las antiguas leyendas chorotegas que le había narrado su abuela, Angélica se entusiasmó con la idea de publicarlas en un libro... Sin saberlo, se desencadenó una sucesión de acontecimientos que conectaron a muchas de las víctimas entre sí. Todos los relacionados con ese libro nacieron bajo la conjunción letal y todos fueron muriendo en el día y la hora exacta de su destino… Puede que todo sea una trama de Nequepio o una simple casualidad, pero el caso es que sí se conocían…

Miré el reloj, faltaban 5 minutos.

-Posiblemente muera pronto, pero antes quiero poner las cartas sobre la mesa…

    Usted no es Irving Quintanaurría, en realidad todo este tiempo estuve hablando con un péndulo que posee a su poseedor. Estuve hablando con Niyujui y a esta hora no sé cuál es su plan, no sé si va a juntarse con la otra parte del péndulo y completar el hechizo, no sé qué pintan aquí ese arlequín y la diosa del fuego, no entiendo su loco plan y el tiempo se acaba...

Quintanaurría se acercó a mí, y entre lágrimas me dijo:

-Efectivamente, soy Niyujui... Espero que un día me puedas perdonar por lo que te he hecho, y por lo que voy a hacerte ahora. Llevo toda la vida huyendo de mi destino, pero ya ha muerto demasiada gente…

Súbitamente, Quintanaurría se sacó el péndulo del bolsillo y, empujándome al centro del círculo que había trazado en el suelo, me dio un golpe seco con él en la cabeza...

Acto seguido, Chaciutique dio una calada a su extraño cigarro y expelió por su boca una espesa nube de humo que me impidió ver  lo que sucedía a mi alrededor, hasta que de repente oí una voz femenina...

-Buenas tardes, ¿inspector Lucas? Tenemos una cita ahora…

La voz provenía de una extraña pero hermosa mujer, que apareció de la nada vestida con un abrigo rojo,  y me miraba a los ojos apuntando a mi frente con una 38.

Entonces todo pasó rapidísimo: el arlequín musculoso intentó agarrar a la desconocida y esta, haciendo una llave de artes marciales que no había visto en mi vida, lo lanzó varios metros hacia un lado. En ese instante de distracción, Chaciutique cogió de la mano a Quintanaurría y se esfumaron en el aire, confundiéndose con el humo del cigarro que había dejado en el suelo… "¡¡¡Buena suerte, figura!!!…" -acerté a oír a lo lejos...

La bella mujer volvió a apuntarme a la cabeza. Su mirada reflejaba que no era nada personal.

En ese momento me invadió una sensación de profunda paz y relajación. No entendía nada y a la vez lo entendí todo... Desde ese estado de elevación espiritual inspiré profundamente, y al espirar, mi mente contempló atónita cómo de mi boca brotó sin control alguno la palabra...

-Proceda.

 

Bang

 

Luz

 

Silencio

 

EPÍLOGO:

 

El 24 de diciembre de ese año, una fuente en la selva nicaragüense dejó de manar agua salada.

El inspector Lucas fue encontrado por un misterioso arlequín sólo y amnésico en medio del desierto. Tenía una extraña cicatriz en la frente y llevaba en su mano lo que parecía ser un péndulo verde con una bala del 38 incrustada en su interior. La línea del destino de su mano derecha presentaba una bifurcación que antes no tenía.

No volvieron a aparecer más víctimas que siguieran el patrón de la constelación letal, y el caso se archivó sin resolver en una nave administrativa de Aranda de Duero.

La puerta del averno del volcán Massaya no aparecía guardada por nadie; sin embargo, las almas condenadas y los demonios que allí habitaban no se escapaban, porque una extraña piedra de cuarzo verde asumió las funciones de guardiana.

El libro Antiguas Leyendas del Momotombo fue visto por última vez en la estación de autobuses de Nimes, víctima sin duda de la moda del bookcrossing.

Irving Quintanaurría fue visto por última vez analizando manchas antropomorfas que aparecían en diversos locales nocturnos de Benidorm. Iba acompañado de una hippie de mediana edad que se mostraba imbatible bebiendo roncolas en los karaokes ingleses de la zona. Ambos parecían vivir algo parecido a un romance.

El espíritu de Niujuy, libre ya de su prisión de cuarzo, vaga por el mundo apareciéndose de vez en cuando como un invisible sentimiento de cariño y bienestar que aparece en momentos inesperados por las atracciones de Cuervolandia.

De la mujer del abrigo rojo no hemos vuelto a tener noticia.

 

FIN

 

La gerencia informa de que el próximo 7 de febrero, el gerente ponente de esta revitalizadora saga nos regalará un "truecumentary" o 'making-of' de la historia, con la participación de varios de sus protagonistas. Será la guinda del pastel y nos permitirá una gozosa metacomprensión de los quiénes, los cómos y los porqués. ¡Graznad, graznad, malditos!

16 de enero de 2021

Pendular


 
'Gran diosa del volcán: sé testigo,
con tu ardiente ojo, de mi magnificencia' 
 

Cuarta parte de esta rompedora saga. La hilandera que maneja con soltura las tijeras les grita "¡más garbo!" a sus dos hermanas. Su nervuda y ávida mano está deseando realizar el trabajo que le corresponde. No es menos importante que el de las otras, pero sí el menos valorado por esos hilillos egoístas, de mil colores, que se lían continuamente. Ya llegan a ella, ya falta poco... Así debe ser...


Cuervolandiaaa

El hombre musculoso vestido de arlequín escribía con una pluma de ave en un enigmático diario, al tiempo que con su mano libre apuraba una copa de coñac pequeña llena de brandy con anís, mezclados en iguales proporciones. Tras meterse el lingotazo entre pecho y espalda, se secó con cuidado una lágrima de la mejilla, cerró el libro, pagó y abandonó el local diciendo:

-Hasta pronto, Irving.

Quintanaurría le sonrió y se despidió con la mano.

-Hasta pronto, Paco.

En otro momento y lugar, este hecho que comento me habría parecido extraño, surrealista y bizarro, pero lo cierto es que no estábamos en otro momento y yo llevaba cinco horas conduciendo por carreteras que no vienen en ningún GPS, siguiendo la dirección marcada por el péndulo de cuarzo verde de Quintanaurría hasta  que las carreteras se conviritieron en caminos, los caminos en senderos, los senderos en cañadas y las cañadas en páramos, hasta llegar a ese misterioso bar abierto a las tres de la mañana que señalaba la entrada al misterioso y bello desierto de los Monegros.

Irving se fue a dormir al coche, pues dijo que mañana sería un día duro. Faltaban 12 horas para mi presunto asesinato a las 15:28 y, como es lógico, yo no tenía  sus ganas de dormir, dado que mis pensamientos se arracimaban en mi cabeza a velocidad acelerada y mis párpados se negaban a abrazarse a pesar de mi evidente cansancio.

Para calmar mi ansiedad, abrí mi dossier sobre los crímenes de la Conjunción letal y posé mi vista en el caso número uno, la primera víctima encontrada: Marcelo Cedrón Panikoulas, un Arousano con raíces cretenses que regentaba una próspera quesería.
Una persona en apariencia anodina y cuya vida era completamente normal, salvo por dos pruebas encontradas en el registro de su domicilio que no encajaban con la imagen de ciudadano común que pretendía proyectar. La primera y más importante es que Marcelo figuraba en los registros de la policía como comprador del arma que fue usada para su propio asesinato y para los que acontecieron en los meses posteriores; y la segunda la tenía ahora mismo en mi mano y era un pequeño libro, con encuadernación de lujo en  piel y oro, que se podría considerar una rara pieza de coleccionista.

El libro, titulado Antiguas leyendas del Momotombo, no constituía una prueba de por sí; simplemente era el libro que la víctima tenía en su mesilla de noche y, por muy exhaustivas que sean las investigaciones, los policías no solemos leernos las bibliotecas de los escenarios del crimen. Sin embargo, la rareza del ejemplar despertó mi curiosidad e hizo que lo guardara en el dossier para estudiarlo más tarde. Mi insomnio decidió que era un tema suficientemente aburrido como para intentar anestesiarme con él y lo abrí por el punto de lectura que tenía marcado el Sr. Cedrón.

La leyenda del volcán Massaya:

Una tradición oral de los indios Chorotega cuenta que el Rey Nangue estaba casado con una bellísima princesa de la tribu vecina, la joven Niyujui. Tenía una larga melena y unos preciosos ojos verdes que eran únicos en su tribu. El rey, como muchos hombres poderosos, confundía amor con posesión y sentía unos celos tremendos de su hermosa mujer. 
 
Por desgracia para todo el reino, esos celos no carecían de fundamento.
En efecto, la princesa Niyujui de claros ojos y sedosos cabellos amaba a otra persona y era correspondida. El objeto de sus amores era nada menos que Nequepio, la hermosa hermana del rey, famosa en todo el país por su extraordinaria elocuencia y sus artes de hechicería.

Un día pasó lo inevitable: el rey encontró a su mujer y a su amante entregadas a la pasión en un claro de la selva, vestidas tan solo con la luz de la luna y, loco de dolor y celos, decidió castigar a las adúlteras de la única manera posible, sacrificándolas a la diosa del fuego Chaciutique, tirándolas al interior del volcán Massaya.

En el momento del sacrificio, Nequepio conjuró a la diosa para que la mantuviera siempre unida a su amada en el otro mundo. Zafándose de los sacerdotes, se abrazó a Niyujui y se abalanzaron ambas sobre el cráter.
Compadecida de su amor y enfadada por la reacción del rey, la diosa Chaciutique hizo que el volcán entrara en erupción durante tres días. Cuando al fin se enfrió, los Chorotegas encontraron entre las cenizas una piedra de cuarzo verde como los ojos de la bella Niyujui, y se la llevaron al rey.

El Rey Nangue, al verla, reconoció el hechizo de su hermana y, enloquecido, arrojó violentamente la piedra contra una roca que había en el centro del pueblo. El cuarzo se partió en dos y de la roca empezó a brotar una fuente de agua salada por las lágrimas de las amantes separadas.

El Rey Nangue lanzó una parte del cuarzo al océano Pacífico y la otra parte al Atlántico, en la tierra de los Mískitos, para que las que le traicionaron nunca pudieran volver a verse.
 
Desde entonces, cuenta la leyenda que ambas piezas de cuarzo viajan por el mundo buscándose una a la otra y se guían mutuamente, cambiando los destinos de quienes las portan...
 
Tras leer este libro, mi mente empezó a atar cabos. Miré quién lo había escrito y  vi que era obra de Angélica Pinni Lestrade, la víctima número 6, pero el libro había sido impreso en la imprenta de Jesús Cortezo, que fue la víctima número 3, y el ISBN pertenece a Ediciones Fernández-Mildavia, la número 4... La leyenda se desarrolla en Nicaragua, lugar de origen de Itziar Montero Arróstegui….

Quintanaurría me despertó y miré el reloj: eran las seis.

-¿Ha descansado?

Yo asentí.
 
-Vamos, ahora toca caminar…

Pagué y dejé propina a la enigmática camarera, que me miraba de manera muy fija con sus ojos verdes. Al recibirla, me dijo:
 
-Muchas gracias… Hasta muy pronto.
 
 
CONTINUARÁ
 

6 de enero de 2021

Kübler Ross


'Duelo bajo la miríada de soles'
 

En este tercer episodio, las ruedecillas dentadas del mecanismo de nuestras vidas siguen girando... por ahora.

 

Cuervo, cuervo, cuervo…

Cuando llegó el informe del registro de nacimientos del hospital, se confirmaron mis peores sospechas: nací el 23 de diciembre de 1973 a las 12:25… Irving Quintanaurría vino a anunciarme mi asesinato.

Al principio me mostré escéptico.

Me levanté de mi silla, apagué los micros y las cámaras, cerré la puerta por dentro y bajé las persianas de la sala de interrogatorios. Me volví a sentar delante de la mirada impasible de Quintanaurría, que aparte de haberse guardado el péndulo, permanecía en silencio, en la misma posición, sin mover un músculo de su cara…

-Esto que me está contando no es real, seguro que se trata de un error. Igual es una casualidad o está moviendo usted el péndulo... No sabe la de graciosas teorías de la conspiración que se oyen cada vez que hay dos asesinatos más o menos seguidos… Simplemente es una coincidencia y su teoría no se sostiene. Esto es una comisaría de policía y yo preciso evidencias científicas, no conjeturas pseudocientíficas ni cuentos de hadas…

Es más, ¿cómo sé yo que usted no es el asesino? Sabe datos importantes y conoció a la señora Arróstegui. ¿Cómo sé que el venir aquí no forma parte de un burdo intento para buscarse una coartada?

Irving me miró y dijo:

-Efectivamente. Usted no lo sabe, y no tiene ningún tipo de prueba que me incrimine… Puede elegir y decidir si hacerme caso o no, incluso puede detenerme si quiere, pero eso no va a cambiar lo que ha visto. Usted nació bajo la conjunción letal y lo que sí es seguro es que es dificil que salga de esta situación sin ayuda, inspector…

Miré a Quintanaurría y mi ira no hizo más que aumentar. No suelo perder los nervios en los interrogatorios, pero me miré a mí mismo haciéndole caso a un lunático con un cucurucho en la cabeza, un ridículo péndulo y unos mocasines con maravedíes en la trabilla… y de pronto dejé que la rabia me poseyera. Di un puñetazo en la mesa que hizo un sonoro estruendo, y como una exhalación cogí a Quintanaurría del cuello de su camisa y lo levanté un palmo de la silla donde estaba sentado. ¿Es esto una broma? ¿Una cámara oculta? ¿Acaso se está riendo de mí….? Llevo semanas enteras sin dormir apenas, intentando analizar cada cabo suelto de un complicado caso de asesinato múltiple y viene un fantoche, un fenómeno de feria, a decirme que moriré mañana, por no sé qué teoría estrafalaria… ¿Tan idiota cree que soy?... ¿Por qué hace esto? ¿Para qué lo hace?

Quintanaurría contestó con un hilo de voz…

-Se lo debo a Itziar… ¡¡Ella tampoco me creyó!! 

Dos lágrimas recorrían sus mejillas.

Lo miré a los ojos y me avergoncé inmediatamente de mi reacción… Itziar Montero Arróstegui, la víctima número 12, una joven de origen nicaragüense, era profesora de física en un instituto de la zona. Una vida ejemplar de superación a través del estudio había forjado en ella un carácter escéptico y racionalista, según los testimonios de sus familiares, compañeros y amigos, 

Sin embargo, esta persona tan racional quiso conocer el momento de su muerte consultando su carta astral; al analizar su cadáver se descubrieron en su cuerpo varios tatuajes de protección sefiróticos y ocultistas, y en sus ropajes se encontraron diversos amuletos chamánicos de procedencia desconocida…

Ella había intentado escapar de su hipotético destino acudiendo a prácticas de las que siempre renegó… Tenía miedo, no quería morir, sabía la hora de su muerte y aun así su balazo en la frente lo recibió en una calle concurrida, sin que nadie viera nada y sin que ningún dispositivo de vigilancia apreciase la más mínima alteración o imagen acusatoria.

-¿Pedimos un café? -sugerí con gesto reconciliador…

-Con leche y azúcar, por favor.

Pedí dos cafés.

En la breve pausa que siguió, Quintanaurría y yo permanecimos en silencio, él sentado de nuevo en su silla y yo de pie, dándole la espalda y mirando fijamente el falso espejo de la sala de interrogatorios cuya cortina había bajado, dejándolo totalmente cegado.

Trajeron dos vasos de café, los tomamos en silencio y me volví a sentar frente a Irving.

-Está bien: supongamos, y sólo supongamos, que tiene usted razón. Si el día de mi asesinato es mañana, sólo tengo que estar a esta hora en la comisaría y dejar que mis agentes se hagan cargo del asesino cuando venga a matarme...

Quintanaurría recuperó su tono neutro y me contestó.

-Eso no va a servir. Arróstegui, Cortezo y Pinni fueron asesinados en calles concurridas; Marosa lo hizo en un estadio, en un partido al que acudieron doce mil espectadores sin que nadie haya podido identificar al asesino, y los que se intentaron ocultar tampoco corrieron mejor suerte… Fernández Mildavia apareció en su refugio antiatómico con el mismo tiro en la frente y la misma nota que los demás… No se trata de un asesino común, Inspector. No se le puede atrapar con medios comunes, si es que se le puede atrapar.

Algo en el fondo de mi mente se quebró en ese momento. Puse la cabeza entre mis manos y lloré, lloré como nunca antes lo había hecho. Las lágrimas liberadoras brotaban de más allá de mi mente, quizá de esa parte de mí más atávica, irracional y primitiva que sabía que Irving tenía razón. Que estaba sentenciado y que era seguro que mañana iba a morir.

Pasaron delante de mí fragmentos de mi vida, mis primeros pasos, el abrazo de mi madre, las risas y lágrimas con mis amores y amigos, mis desilusiones, mis logros profesionales, los casos que me absorbieron los últimos años, la primera vez que me dispararon y la primera vez que disparé, la soledad, mis fantasmas, el vacío, el abismo, aquella maldita máquina.… Sentía que esos recuerdos estallaban en el suelo con cada lágrima y de pronto recordé aquello por lo que merece la pena seguir viviendo…  Empecé a aceptar la situación y reaccioné.

-Está bien, Quintanaurría. Si voy a morir, que sirva al menos para algo. ¿Cuál es su plan?

-Estoy a su servicio, Inspector Lucas.

 

CONTINUARÁ….