miércoles, 30 de abril de 2008

215 "Sueños Bávaros"


'Los placeres de la castidad'


'AEG (Amor en Ganimedes)'


Cuervolandiaaaaaaaaaaaa!!!!!!!


En el cuarto de baño de la habitación 215 "Sueños Bávaros" del pasillo oeste del piso tercero del cuervohotel de Cuervolandia hay un lavabo, blanco, de Bellavista, con dos jaboncillos de La Toja, pequeños, en cuya envoltura se retrata una escena flamenca, un retrete precintado, una papelerita con tapa y pedal, dos vasos, uno de ellos con un cepillo de dientes usado, un colgador con dos toallas, demasiado finas para secar y demasiado pequeñas para cubrirse, el alicatado es beis y marrón a juego con el mobiliario y, escoltado por dos apliques, hay un espejo pequeño donde un hombre me mira sin verme.

El hombre del espejo está absorto, cansado, su rostro es inescrutable, quizá esté aún parado recordando el tacto de aquella piel sedosa e inmarcesible, el sabor de aquellos labios como cerezas picotas, el olor de su pelo como a jacintos silvestres, y el sonido de sus jadeos y gritos contenidos en toda la batalla sexual librada hace un minuto en el cuarto contiguo.

El hombre del espejo se tocó los arañazos aún recientes, no le dolían, ni siquiera le molestaban, intenta recordar cómo empezó todo, cómo llegó ella a su habitación, cómo le miró a los ojos y le dijo:

-No te estaba buscando, pero te encontré, ¿quieres que me vaya?

No hubo más que hablar, se besaron, se abrazaron, el abrigo gris acabó en los cuernos del alce que presidía la falsa chimenea que ocultaba un radiador de aceite, la ropa interior de ambos acabó esparcida por el suelo de moqueta marrón, tal fue la pasión desatada que casi tiran el cuadro de la caza del ciervo en paisajes alpinos que presidía la estancia y se encontraba sobre el lecho. En toda la noche no hubo un minuto de tregua, tal era la pasión del encuentro que no se dieron cuenta de que el día había llegado y al cantar la alondra ella lo miró fijamente y le dijo:

-Esto ha sido lo que ha sido, entre tú y yo no hay nada y esta noche no ha sucedido.

Lo volvió a besar. Él le dijo:

- ¿Y qué hago yo ahora?

-Piensa que ha sido un sueño -contestó ella.

Acto seguido, se vistió y se fue.

El hombre del espejo se secó las lágrimas de su mirada vacía, se dio cuenta de que había perdido y entró en la ducha. Entre el ruido del agua al caer en plafón sintético se pudo oír.... ¿Y qué hago yo ahora?......



"Es necesario ser cuidadoso al comer bombillas, las de wolframio son más sanas porque tienen muchos minerales, en cambio las de neón suelen dar gases......"
V
alentín Schlinder Pashnavi. "Memorias de un fakir".