miércoles, 3 de junio de 2009

La Cazadora Fantástica


'Debería serlo'

'CCC (Cuñado Comercial de Concesionario)'


Buenas tardes, amigos. Soy Kyle Mirandilla, entrevistador de objetos. Tal vez me recuerden como el autor del reportaje "La fama o la tinta: bolis famosos venidos a menos" o como el autor de la polémica entrevista al Brazo Incorrupto de Santa Teresa. Hoy tenemos a Astrid Reno, aunque algunos de ustedes pueden recordarla como la inseparable cazadora de Michael Knight en el Coche Fantástico.

Kyle: Buenas tardes Astrid. ¿Cómo te encuentras?

Astrid: Buenas tardes, Kyle. Me encuentro muy bien. Primeramente quiero agradecer a Cuervolandia su apoyo incondicional durante todos estos años de silencio. Los gerentes son unas grandísimas personas.

K: Estoooo,…mmmm, seguro que si, Astrid. Eeeh, Bueno, háblanos, ahora que puedes, de tus comienzos con la serie. ¿Es cierto que le cambiaron el título?

A: Oh, rotundamente si… El guión original se titulaba la Cazadora Fantástica, una trepidante aventura de un hombre que no existe en un mundo lleno de peligros. En ésta yo interpretaba a la inseparable Cazadora de Michael Knight, un joven solitario embarcado en una cruzada para salvar la causa de los inocentes, los indefensos, los débiles, dentro de un mundo de criminales que operan al margen de la ley.

K: Y en esta serie, el protagonista era ayudado por su fantástica cazadora inteligente la cual tenía múltiples habilidades, ¿verdad?

A: Efectivamente, Kyle,… los telespectadores recordarán que Michael Knight nunca se separaba de su Cazadora, ¿verdad? ¿No les resultaba sospechoso que en pleno desierto, con un sol de justicia llevase puesta su cazadora negra de piel? La cazadora fantástica era la que hacía de Michael Knight todo un héroe.

K: ¿qué habilidades tenía la cazadora en el guión original?

A: Absolutamente todas las que luego tuviera el coche. La cazadora tenía aire acondicionado y calefacción para las escenas del desierto o la nieve, era antibalas, sacaba un propulsor para poder hacer saltos increíbles y un paracaidas... Tenía computadora de abordo, un radar,... POLIURETINA, mi nombre en la serie, acompañaba a Michael a todas las misiones que Devon Miles habría de encomendarles y le salvaba de los peligros. Por supuesto la encantadora Bonnie (costurera y marroquinera en el guión original) se hacía cargo del mantenimiento. Éramos todos muy amigos y lo pasábamos en grande en los rodajes.

K: Y, por supuesto, hablaba.

A: Hablaba hasta por las coderas, jajajajajajaja. Lo que sucedía es que quedaba un poco extraño en el rodaje que fuese la cazadora la que hablase. Los de producción, unos inútiles, no supieron corregirlo, y los que tenían que evaluar pensaron que parecían las tripas de David Hasselhoff hablando… ¡¡Ignorantes!!

K: La cruel maquinaria de la industria de Hollywood…

A: Decidieron que no hablase. Cuando traté de quejarme, ¡¡Me obligaron por contrato!! Siempre se aprovechan de que las pobres cazadoras no tenemos manos, y el mío lo firmó David por mí. Cuando consulté a mis abogados era demasiado tarde. Legalmente no podía hacer nada. Sólo guardar silencio.

K: Debió ser muy duro para ti.

A: Bueno, al principio me conformé, porque en el fondo yo seguiría siendo protagonista… Propuse adaptar el guión para que Michael conversase con POLIURETINA en monólogo, y que fuera el telespectador el que dedujese el guión de la cazadora por lo que Michael iba diciendo. Pero los guionistas decidieron que hacia falta alguien que hablase y se sacaron de la manga al coche. “Solo hablará”, me dijeron, “POLIURETINA seguirá manteniéndose como personaje con sus habilidades y con todo su peso”.

K: ¿te sentiste desplazada?

A: Las cosas cayeron por su propio peso. Todos quedaron fascinados con el coche. Incluido David, aunque él intentaba disimularlo por respeto y cariño a mi, lo cual era mucho más humillante. Me apartaron de la serie paulatinamente. No quisieron renunciar al indiscutible gancho que la cazadora le daba a Michael Knight, así que me mantuvieron en la serie.

K: Pero le dieron todo el peso interpretativo al coche.

A: Ese advenedizo se hizo con el público, y con la gloria... aunque le sirvió de poco. Ya en la 2ª temporada empezó a subírsele el éxito a la cabeza, no soportaba que no lo usasen nada más que para el rodaje. David nos llevaba al principio a promociones o entregas de premios, a lo Michael Knight, pero al coche se le iba la olla y se saltaba algún semáforo el sólo, o cosas peores. David se negó a sacarlo más. En la 4ª temporada el deterioro era insostenible. El pobre coche no supo diferenciar entre ficción y realidad. Además era un peligro. Terminó pensando que lo tenían secuestrado algún tipo de banda de malhechores y siempre que alguien de atrezo se le acercaba lo atacaba verbalmente o físicamente. Solo permitía que se le acercasen los actores y ¡¡tenían que hacerlo interpretando a sus personajes!!

K: Nadie lo hubiese pensado de KITT…

A: ¿verdad? Hasta a mí me gustó al principio, pero tan sólo era un trepa. Fueron tiempos muy duros para todos. La amistad entre David y yo ya había desaparecido hacía tiempo, y claro, yo estaba obligada por contrato a guardar silencio... así que él tampoco quiso confiar en mí para contarme sus penas, y después bueno… vino lo que vino: el vino.

K: La historia posterior, ya todos la conocemos: la fama y gloria de Mr. Hasselhoff transformadas en agonía personal y mediática en el mundo del alcohol. Y años después la gloria de nuevo con su personaje Mitch Buchannon, en los Vigilantes de la Playa.

A: Ah, si, pero la historia parecía repetirse: las fuentes adecuadas te podrían confirmar que David y su bañador rojo se llevaban fatal. Ambos tenían tal afán de protagonismo que solamente eso les unía delante de las cámaras. Si no llega a ser por los bikinis de todas aquellas playmates que pasaron por la serie, ésta no hubiese aguantado tantas temporadas.

K: Bueno, pero para ti parece que no pasan los años… ¿Cómo has empleado tu tiempo todos estos años, Astrid?

A: Bueno, encontré al amor de mi vida… y nos casamos. Un precioso pantalón de cuero blanco con flecos que trabajaba en las vegas en un número tipo Elvis. Le ofrecieron trabajo como parte del vestuario en Cuervolandia y nos vinimos. Así pude encontrar tranquilidad y prepararme para el largo litigio con la productora de la serie. La lucha judicial por poder romper definitivamente mi silencio al final ha dado sus frutos.

K: Nos alegramos todos mucho, Astrid… ¿algún proyecto de futuro?

A: Algo hay, pero no se puede contar todavía.

K: Mucha suerte entonces… Amigos, hasta aquí por hoy. Nos despedimos desde Cuervolandia hasta una nueva y polémica entrevista.