sábado, 20 de octubre de 2007

PACO EL ARLEQUÍN

'enSoniaDora'

'Petrucio'

Cuervolandiaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Sentado en la silla giratoria de la cafetería de una gasolinera de una carretera del desierto de los Monegros, Francisco Horcajuelo Páez apuraba el solysombra cuyo importe sufragaban sus recientes ganancias en la tragaperras de CIRSA, que castigaba las orejas de los demás pasajeros del autobús a Cuervolandia con esa versión carrillonesca del "Baile de los Pajaritos" de la inefable Mª Jesús y su Acordeón.

Cual personaje de Proust, el sabor del solysombra, amargo de entrada y con retrogusto pegajoso, hizo que de repente Francisco se acordara de su primera comunión, el día más feliz de su vida, en el que vestido por vez primera de alférez de marina, abría los regalos. Se acuerda de un boli con reloj digital incorporado, maravilla de la técnica, y de unas zapatillas de deportes grises marca TIANG, aunque él hubiera preferido unas Paredes. El tercer regalo venía envuelto en un papel de colores chirriantes: allí estaba, parecía un libro, pero no lo era; era un diario, tenía dos cierres dorados y un candadito con unas minúsculas llaves, pero lo que más le llamó la atención fue la portada del diario, en ella había dibujados una luna turca y apoyado en ella una figura que impactó profundamente al pequeño Paco, un Arlequín, cara blanca y melancólica, una delgadez extrema y ese sombrero y maillot que le daban un aspecto divertido y triste al mismo tiempo.

Una lágrima asomó a los ojos de Paco, tomó otro trago de Solysombra y siguió su evocación.
Esta vez, se acordó de sus tiempos de legionario en el Tercio Duque de Alba, condecorado en los paracas; ya había desarrollado su afición al solysombra, lucía en su cara patillas anchas de boca de hacha, en sus bíceps tatuajes marciales de calaveras, corazones ardiendo y al lado del corazón unos rombos misteriosos que a nadie quiso explicar. Paco se acordó del día en que el Sargento legionario le pilló una noche vestido de Arlequín, lánguido, mirando la luna ceutí y escribiendo en su diario con una pluma de ave poesías de amor que nunca sabremos.

Otra lágrima, otro sorbo.
Paco se acordó de la prisión militar, de la oscura celda de aislamiento, de la frase exacta de Lupiáñez, el Psicólogo penitenciario: "Amigo Horcajuelo, lo que tiene Ud. es un extraño fenómeno de doble personalidad, no está contento con su vida y acude en su subconsciente al personaje que reconfortó su infancia para hacer frente a problemas que Ud. es incapaz de resolver. Ahora es Ud. el que tiene que decidir lo que quiere ser".

Sorbo final.

Megafonía: "Pasajeros con destino a Cuervolandia, tienen el autobús situado en la dársena cinco".
Paco el Arlequín se corrigió el maquillaje, pagó la cuenta, recogió su sombrero y su mandolina y se fue al autobús.


"El secreto de un Buen tragasables está en saber dónde parar"
Scdhlinder Pashnavi, "Memorias de un Fakir"