2 de diciembre de 2013



"A Belén pastunes, a Belén Chicotes,
que ha vencido la grey de los principotes "


 Cuervolandiaaaaaaaaaaaaa!!!!!!

Anoche me desperté pasadas las tres y cuarto y de una manera casi inconsciente y automática pero sin llegar a ser sonámbula me dirigí al frigorífico y lo abrí. No sé porqué extraño motivo me encontraba en esa situación, no tenía hambre ni sed y además la noche era fría y yo iba descalzo, pero el caso es que me detuve varios minutos ante esa luz invitadora y acogedora, quizá metáfora de la luz al final del túnel donde nos espera un destino opíparo o frugal según las experiencias vitales con las que lo hemos llenado. No se si sería esa reflexión freudiana en la que identifiqué la frigorífica luz con la muerte y el más allá o simplemente que no tenía ni la más remota idea de lo que me había llevado hasta allí, lo que me detuvo en la puerta tanto tiempo. Cuando miré por fin la nevera lo entendí todo.

Allí, formando pequeñas hileras estaban las latas de cuervocola edición especial navidad en las que venía escrito el nombre de los personajes de cuervolandia, un singular invento del tercer gerente en el que afirmaba que había concentrado el sabor de cada habitante de cuervolandia. Preso de una curiosidad cercana al paroxismo decidí probarlas todas.

Empecé por la de Saturnino Cubero, al principio sabía a polvo, y a legajos pero a medida que lo saboreaba había una pequeña nota de sabor picante y revolucionaria que me incitaba a replantearme el orden establecido y empezar una microguerra enseguida, aún con ese sabor en la boca abrí y probé la de Valentín Schlinder Pashnavi, al abrirla me corté un dedo y me dolió pero al beberla deseé seguirme cortando pues experimentaba un extraño placer, asustado sólo se me ocurrió parar mis instintos suicidas abriendo la de Paco el arlequín que, como no, sabia a solysombra y a melancolía e incomprensión, llorando caté la de Quintanaurría y explotó el cosmos en mi boca como si fuera una psicofonía, ávido descubrí que no podía parar doña Antonia sabía a recuerdos de pasión desenfrenada Jaquelyn sabía a linimento, Fontevalero sabía a ornitorrinco y a Ibis,Athanasía a goma de mascar y licor del polo y el Arcipreste a vino de misa, poder y frangelico y por fin después de probar el sabor a primera calada y super ego de Lupiáñez llegué a la lata más fascinante, no ponía nombre sólo sé que era gris y que una vez abierta no puedo salir de ella. Quizá el año que viene alguien la venga abrir en Navidad, quizá no.... ojalá.

No se devuelven las cuervofichas tiradas al cuervopozo de los deseos. La gerencia no se responsabiza de su no satisfacción.

2 de diciembre de 2012





El convenio de los grajos

Trabalenguas deslenguados para Cuervos olvidados.

Felíz aniversario al alimón.

I

Díjole el mulá a la mula
a Alá debes emular
y la mula al mulá dijo,
no me amoles más mulá
mal emulará la mula
al mulá que a Alá no emula
si el mulá no emula a Alá
mala mula y mal mulá.

II
Cuervos corvos y curvados
cruzan cruces y cruzados
frican crujen y no croan
cortan curten y recortan
corvos, y curvados cuervos
cortos y quebrados cuerpos
frotan y crían al cierzo
negros crótalos de viento

III
Zombis en Zimbabue
ziszas, ziszas,
zumban a zarpadas.

Zambos en Zancíbar
ziszas, ziszas,
zampan zamburiñas.

Zozobran las cebras
ziszas, ziszas,
zambulléndose a zancadas.

¡Zarambeques con zambombas,
ziszas, ziszas,
y con címbalos de Zambia!

IV
Plumada pluviosa y plúmbea,
plomizo plan:
Palmear, plas - plas - plas, en la platea.

Pulpos palaciegos pelean plegados,
se apalean a paladas
por paladear impúdicos placeres.

Galopando en plazas peladas,
golpeando, pegando, pagando,
pedaleando, plantando plastas...

Aplastando pulgas pelmazas,
palpando plañideras plenas.
Apilando plagas plutonianas.

v
SUSSUDIO/

Caseros sarasas se asan en saunas; sajan gaseosas pese a ensalzar, mes a mes, a Sarasate o a Saramago. Se solazan, asimismo, a solas en silos soleados. Sisan y lisian sin láseres al asesino de Sísifo, y así, sí que sí. Quesilete para mí.

VI
MISAL TANTAM/

Salivando lasañas y ensaladas de saldo sin salmorejo, Sara & Salazar por ensalmo salmodian, solemnes; o, sesudos, asaltan a asalariados salafistas por soleares saboreando Soleros.

Sentientes simbiontes estimulan sensatas mulas mutantes susurrándoles el sana-sana o maná-maná. Menta en los montes saudíes. Betún bajo el batán. ¡Batamantas imantadas! Balalaikas tucumanas.



25 de diciembre de 2011

Seguidillas con bordón, que tiene muy mala rima



'Valor de ley'


Deseamos a todos los visitantes de Cuervolandia una muy feliz Navidad y una buena entrada en el 2012, al que desde aquí podemos verle ya las orejas.

También hemos de felicitar a todos los que compraron sus décimos de lotería en nuestra cuervoadministración, porque como ya saben, este año la región de los Monegros ha repartido el gordo y nos ha tocado. Al Sr. Cormonas le hemos enviado una generosa donación para que la destine a sus parques de atracciones "Los Palominos" (qué demonios, es Navidad), pues sabemos que también tiene sus seguidores.

Recogiendo el guante que nos lanzó un lector el año pasado, la gerencia adapta sus tradicionales versículos navideños a los corsés poéticos que, masoquistamente, se congratula en autoimponerse.

Bien, dese rienda suelta al plectro, pues:


I

Blancas y luminosas

Las Navidades
Llegan a Cuervolandia
Felicidades.

Qué maravilla
Con bordón felicitar
Por seguidilla.

II

Esta navidad,
Desierto Monegrino,
Queremos cantar
Encaramados a Pinos:

"Por cuervos y por patos,
No más sequía,
Queremos más relatos"

III

Esta crisis creativa
Que nos asola
La tenemos cercada
Pero no mola.

Juro en caliente
Que lo conseguiremos
Los tres gerentes.


1 de diciembre de 2011

Feliz Quinto Aniversario!! Cuervo-relato al alimón!!


'King Donald's'


'Lo del casting no es aquí... ¿Verdad?'


Quizá estaba nublado, quizá era por la tarde, quizá era domingo cuando Pipo Schumann el contorsionista imposible, guardaba cola impaciente pero concentrado, en otro casting más, uno de tantos a lo largo de su carrera. El ambiente no era muy distinto de las otras entrevistas: payasos, alegres y tristes, forzudos con bañador de rayas rojas, calvos y con bigotes a lo Richelieu, Magos chinos de largas uñas, sombrero hexagonal y coleta que miraban de refilón con aire desconfiado, mentalistas uruguayos que se retiraban antes de tiempo porque ya percibían en la mente de los entrevistadores que no los iban a aceptar, algún que otro ajedrecista de Zimbawe y hasta un mono vestido de botones que llevaba a su domador desnudo y lo hacía pasar por un aro…. La única diferencia con los otros cástings es que esta vez Pipo Schuman sentía que era su gran oportunidad…..

- Siguienteee. A ver, ¿alias?

- ¿No... quiere que le diga antes mi nombre?

- Su nombre sólo le importa a los administrativos, para los seguros, las nóminas y todo eso. Si supera el casting, tal vez algún chupatintas se lo pregunte después, pero ya le advierto de que empieza con mal pie. Es su nombre artístico o figurado lo que nos aporta información relevante, lo que las gargantas de los clientes gritarán y lo que se anunciará por los megáfonos oxidados una y mil veces. Debería saberlo.

- Álister el Imposible.

- ¿Especialidad?

- Pues... mire -humpf- esto. Y ahoraaa... -xssss, gñieaaa- ¡ta-da! E incluso, si me permite un momento para tomar impulso... ¡Homp! y... ¡bim! ahí está.

- Mmmm, vaya, vaya. No está mal. ¿Y come usted mucho?

- Lo justo para ser capaz de hacer lo que hago. Una vez al mes, acudo a un local de comida rápida para compensar.

- Suena sensato. Pero no todo consiste en cuidar el templo de nuestro cuerpo, amigo... ¿Qué me dice de su mente? ¿Qué lee usted, Imposible Álister?

- En estos asuntos me dejo guiar por mi buen amigo Yogui-gurú, que regenta una librería de viejo. El mismo día que voy a la hamburguesería, él me visita y me vende, o tal vez debería decir regala, antiguos e interesantes libros a un precio de risa. Los que van más a contracorriente, la retaguardia de la cultura. El grito ahogado de las mentes preclaras que nadan a contracorriente por las cataratas de los tabúes de nuestra sociedad autoamordazada, el eco de cuya caída, sin embargo, se deja oír estrepitosamente entre las generaciones futuras; ya sabe usted. Los últimos tres que leí se titulaban “El orgullo de la industria porno”, “Una defensa del bicameralismo” y “Mi vejez bajo la bota de la sultana”.

- Qué curioso... Alguno de ellos he leído, y me parecieron extraordinarios.

- ¿A que sí? Es que Yogui-gurú es una luciérnaga en la más obscura sima. Lo conocí durante mis viajes por Chechenia, porque yo provengo de Manitoba.

- A nadie le importa de dónde deje de provenir usted, señor. Limítese a responder a lo que le pregunto. ¿Se lleva usted mal con las madres?

- Uh... Excepcionalmente, sí.

- Correcto. ¿Conoce el valor de un caramelo lanzado al público?

- Depende de lo vivido y sufrido por quien lo recoge.

- ¿Cuál fue la última vez que perdió el control?

- Cuando, al enjuagar las almejas japónicas que había comprado, apareció un guijarro confundido en medio. ¡Yo pagué por ese peso, ¿entiende?!

- ¿Qué hizo con la piedra?

- ¿Eh? ¿Qué quería que hiciese? Pues un llavero, para recordar perennemente el fantasma de ese sentimiento y fortalecer la agudeza de mi ego en el futuro.

- Ya. ¿Considera usted que no hacer de vientre todos los días es síntoma de estreñimiento?

- No.

- ¿Es usted un hombre enamorado, Álister?

- Le he echado el ojo a una mujer con abrigo gris, pero poco más sé de ella, todavía. Respondiendo a su pregunta, aún no.

- A su juicio, ¿cuál es la mejor religión?

- Considerar otras “religiones” aparte de la única verdadera es herejía.

- ¿Sabe quién es Schlinder Pashnavi?

- Un maravilloso escritor.

- ¿Cómo definiría, en sólo dos palabras, a Cuervolandia?

- Tiempo. Lento.

- Es suficiente. Siguienteee.

¿Es el Parque de atracciones Los Palominos? Por favor, pásenme con la adjunta de dirección. Gracias, espero... Elspeth, ¡¡Por fin logro hablar contigo!! El Sr. Cormonas quiere despedirme!! No ha parado de gritarme hasta que se lo han llevado de nuevo al hospital para administrarle su dosis de calmantes… ¿Que Qué ha pasado? Pues que el que iba a ser el fichaje estrella como Jefe del Área de Innovación de Espectáculos de “Los Palominos” no ha aceptado… Si, si, el que te comenté que pasó todas las pruebas, Álister el Imposible… Contestó con gran soltura a todas las preguntas de la entrevista, pasó sin sudar las pruebas físicas, las pruebas de idiomas, incluso el examen de escritura braille para ciudadanos de Chitril,… Era perfecto para el puesto, con él pretendíamos revolucionar las estrategias de animación con nuevos números, innovadoras puestas en escena que hiciesen que el público se interesase aún más por nuestros parques de atracciones… Claaaaro, el Sr. Cormonas está que trina: había puesto muchas esperanzas en él, para poder aventajar a Cuervolandia. Por fin iba a poder convencer a la banca y a todos los inversores, por fin iban a ser capaces de hundir a ese parque que tanto se les ha atragantado… ¿Por qué ha rechazado? Bueno, cuando Cormonas le llamó para hacerle la oferta del puesto en firme, Álister al enterarse de que el puesto no era exactamente para Cuervolandia le contestó… “Lo siento mucho: No trabajo con imitadores”.

Cuervolandia: ¡¡Rechaza imitaciones!!

23 de noviembre de 2011

Gerente por un día (Nº 4): "Saber escuchar"


¿Quién turba nuestro reposo?


Cuervolandiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

Si amigos cuervofans, los gerentes nos hemos tomado un año sabático para reflexionar y tomar aire, para vivir experiencias y poder contarlas luego, no temáis, habrá relatos al alimón y cuervopoema navideño. Y el año que viene seguramente volveremos a la gerencia con renovadas historias. De todos modos hay clientes que nos leen y que se incorporan al trajín de nuestro parque y no renuncian a la oportunidad de ser gerentes por un día y así lo hace nuestro amigo Adolfo Marín que nos ha conmovido con su historia. Merece la cuervogerencia por un día sólo por hacernos despertar del letargo. Gracias y bienvenido a cuervolandia.

Precaución: los coches de choque no tienen frenos.


SABER ESCUCHAR

El hombre tomó asiento junto al anciano. Después se giró con placidez, le miró y le ofreció una amplia sonrisa. El anciano, acostumbrado a no esperar compañía alguna en sus largas tardes en el banco del parque, se sintió tan sorprendido como complacido al verlo. El hombre vestía impecablemente, con un estilo sencillo que constituía la clave de la elegancia que destilaba. En la pulcra camisa había dejado el botón superior desabrochado de manera deliberada, y una chaqueta italiana, en perfecta armonía con los pantalones y los zapatos, le daba el aspecto sólido de una persona acostumbrada a atraer las miradas sin pretenderlo, por su mera presencia. Su imagen estaba lejos de la manida formalidad del hombre de empresa, y tampoco recordaba a la inquietante figura del comercial que esconde su ansia de ventas bajo una mueca dentada. No parecía tener prisa u objetivos concretos; simplemente estaba allí, sentado y satisfecho del mundo que se desplegaba ante sus ojos en aquella tibia tarde de principios de otoño.

- Buenas tardes - dijo el hombre. En su voz se percibía la serenidad propia de quien se ha asentado en la vida, sin traza de ese odioso orgullo forzado que muchos usan para creerse reafirmados. Debía de rondar los cincuenta años, pero su aspecto jugaba a su favor y hubiera sido fácil suponer que acababa de cumplir los cuarenta.

- Buenas tardes -respondió el anciano, levantando una de sus manos apoyadas en el bastón para tocar el ala de su sombrero a modo de saludo.

Hubo un momento de silencio. El hombre miraba pausadamente hacia arriba y giraba la cabeza con lentitud, estudiando las ramas del árbol que les cubría. De vez en cuando el sol en lo alto, bajando lentamente hacia la línea del horizonte ante el banco, se filtraba entre las hojas y le hacía guiñar los ojos. A sus espaldas, el camino por donde había llegado se adentraba en la oscuridad creada por la bóveda de vegetación.

De pronto dijo:

- Se está bien aquí, ¿verdad?

No era habitual para el anciano que alguien tratase de hablar con él. Esto era en parte algo buscado, ya que procuraba huir de las agobiantes charlas de hospital a las que tan aficionados eran los demás ancianos que frecuentaban el parque, y por eso había elegido aquel banco en penumbra, donde a ninguno de aquellos enfermizos individuos se le ocurriría sentarse. Pero, por otro lado, lamentaba profundamente su aislamiento. Dentro de su propia familia su figura había ido transformándose poco a poco en una sombra. Los hechos de su rica vida ya no interesaban a sus hijos y nunca habían interesado a sus nietos, y cansado de competir en desventaja con el monótono ruido de fondo del televisor, se retiraba a la soledad de aquel banco a rumiar sus recuerdos sin molestar a nadie. Por eso tuvo una extraña sensación de complicidad con el hombre cuando éste le dirigió la palabra.

- Sí, la verdad es que sí- respondió-. Yo vengo todas las tardes desde que me jubilé. Siempre que haga buen tiempo, claro.

- ¿Y hace mucho de eso?

- Bueno… Depende de cómo se mire. Cinco años pueden pasar muy rápido o muy despacio. En mi caso pasan muy despacio.

El hombre asintió con una leve inclinación de cabeza y un murmullo de aprobación.

- Le comprendo. Tiene usted aire de mundo, de haberse movido mucho y haber visto muchas cosas. Seguro que pasarse las tardes en el banco de un parque no es su ideal de jubilación.

- Tiene razón. Mi hija mayor me protege demasiado, apenas me deja hacer nada. Me prepara la comida, controla las medicinas que he de tomar, me abriga de más e incluso me dice a dónde debo ir y a dónde no. Todo lo hace, menos escucharme. Y el caso es que puedo valerme perfectamente por mí mismo, pero vivo con ella porque se empeñó tanto que no pude negarme. Enviudé poco antes de jubilarme, y en ausencia de mi mujer, que en paz descanse, mi hija parece sentirse responsable de darme un retiro cómodo. Como si quisiera compensarme por los esfuerzos que pasé para criarla a ella y a sus hermanos.

- ¿Tanto tuvo que hacer por ellos?

- Ningún buen padre se quejaría de lo que tuviera que hacer por sus hijos. Yo, al menos, no me quejo. Pero tampoco siento que haya sido un padre tan bueno, aunque si no lo fui, se debió a las circunstancias. Al poco tiempo de nacer mi hija mayor me quedé sin trabajo, y pasé muchos meses sin encontrar nada. Ya sabe que aquí nunca ha habido trabajo. En aquel tiempo todavía era peor, de manera que acabé por marcharme a Sudamérica.

Sudamérica… Mencionarla hizo que un eco vibrante resonase en lo profundo de la mente del anciano.

- Allí me hice camionero, ¿sabe usted? Cuando llegué a Caracas le pedí un préstamo a un primo mío que había emigrado unos años antes. Las cosas le habían ido bastante bien y había podido ahorrar cierta cantidad de dinero al margen de lo que enviaba a casa, así que no tuvo problemas en prestarme un poco. Eso sí, con los correspondientes intereses –rió entre dientes-. Por eso, en cuanto tuve el camión, me lancé a ganarme el jornal por los caminos.

El anciano miró con atención al hombre. En el rostro de éste afloraba, rejuveneciéndolo aún más, una intensa expresión de expectación, como la de un niño que va al cine por primera vez y ve apagarse las luces mientras el proyector se enciende y empieza a sonar la música en la sala. Parecía dispuesto a absorber con placer cuantas anécdotas estuviese él dispuesto a ofrecerle.

“Qué gran oportunidad”, pensó el anciano. Y comenzó a desenrollar, con una paciencia impregnada de emoción contenida, el ovillo de sus recuerdos.

Poco a poco los minutos se fueron llenando de escenas almacenadas a través de los años en los archivos de la memoria. Al principio fueron desplegándose con esfuerzo, anquilosadas como miembros que han permanecido sin moverse largo tiempo. Pero pronto la mente se acomodó a la situación y las palabras empezaron a fluir con soltura, y los recuerdos a encadenarse y a encajar entre sí. El anciano había recorrido prácticamente todo el continente a los mandos de su camión, y en más de una ocasión los conocimientos acumulados durante su vida en el campo hasta los dieciséis años le habían resultado muy útiles para resolver situaciones comprometidas, cuando no para salvarle de la muerte. De modo que, entre majestuosas cordilleras y llanuras infinitas, violentas tormentas y secos páramos, gigantescos rebaños de ganado y extraordinarios animales de la selva, e individuos de todo el espectro de calidades humanas posibles, las experiencias de su juventud en la casa paterna emergían aquí y allá y se mezclaban con naturalidad en la trama de lo contado. Así, cosiendo los retales de su historia personal, fue recorriéndola, mientras el sol seguía bajando hacia el horizonte y sus rayos se iban suavizando.

Durante todo ese tiempo el hombre permaneció sentado en la misma posición. Se mostraba a todas luces atrapado por la conversación, que ya no era tal, sino prácticamente un monólogo en el que el anciano hablaba y hablaba, cada vez más rápido y con mayor intensidad. En los primeros momentos el hombre había hecho pequeños incisos, preguntas concretas que habían ayudado a que arrancase el relato, pero ahora se limitaba a asentir de cuando en cuando mientras sonreía sin cesar con una amplitud proporcional a la pasión que el anciano ponía en su narración. No parecía cansarse; más bien al contrario, se le notaba ávido de escuchar, y era sin duda aquella avidez la que arrastraba al anciano a contar todo cuanto iba surgiendo de los rincones polvorientos de su cabeza.

Porque en aquella cabeza ya sólo quedaba polvo en los rincones. El espacio central se había despejado para convertirse en un majestuoso escenario. Sobre su plataforma, los acontecimientos del pasado rompían la ajada envoltura color sepia en que el ostracismo los había encerrado y se desplegaban mostrando su esplendor original. Además, al aumentar el ritmo de la narración, aquellos recuerdos que habían empezado a abrirse tímidamente como flores mustias recién regadas estallaban ahora con la furia de fuegos artificiales.

No hubo tregua al silencio. Ni un momento de descanso, ni la necesidad de humedecerse la garganta; nada interrumpió. Más aún, el discurso siguió acelerándose, y cuando la aventura sudamericana tocó a su fin, el anciano prosiguió con la historia del regreso a casa. Luego vino la tienda de ultramarinos que montó con el dinero ganado, y con ella los chismes y rarezas de la gente que allí acudía. Ya se sabe, esa gente que siempre parece normal. Entre medias, por coincidencia en el tiempo, se mezclaron la educación y los logros de los hijos. Después, en una especie de estertor sentimental, el anciano vomitó la pena por la pérdida de su mujer bajo la forma del relato de su enfermedad, agonía y muerte. Finalmente llegó la jubilación.

- … y esto es todo hasta la fecha.

Al instante de pronunciar aquella frase, el anciano sintió algo muy extraño, algo que no había experimentado nunca. Tuvo la desagradable sensación de que entre sus manos se deslizaba el extremo de una cuerda vital, y aunque el instinto enseguida le hizo reaccionar para asir el precioso cabo, éste quedaba ya fuera de su alcance. Con una velocidad sorprendente, se alejó sin remisión hasta perderse por completo.

Se quedó vacío. En su interior, desalojado a fuerza de habla, su mente buscó ansiosa un punto al que aferrarse. Una seña de identidad, migajas de la memoria, cualquier cosa. Pero ya no quedaba nada.

Los ojos del anciano se abrieron de par en par, las pupilas se dilataron. Trató de absorber la realidad con la mirada, en un esfuerzo desesperado por capturar del entorno algo que le devolviese un ápice de sí mismo. Sin embargo, nada de lo que allí había formaba parte verdadera de él.

El mundo empezó a cambiar al blanco. El sol estaba a punto de descender por debajo del follaje del árbol sobre sus cabezas, y su luz, aunque mortecina, pronto bañaría el banco del parque. Pero no aún. El mundo cambiaba al blanco sólo para el anciano, y los objetos a su alrededor iban fusionándose en una única masa de hielo puro que presagiaba un frío infinito.

Ejecutando con asombrosa lentitud un simple giro de cabeza, volvió la vista hacia el hombre. Buscó a tientas su rostro a través de las escasas fisuras que quedaban en la pared inmaculada que cubría sus ojos. Buscó un gesto de ayuda, la última confortación de saberse socorrido en aquel momento trágico. Lo que encontró, sin embargo, fue la visión de la sonrisa del hombre. Una sonrisa parecida a la que le había hecho ganarse la confianza del anciano, pero en absoluto igual. La boca se había ensanchado y afinado a la vez, las mandíbulas apretaban los dientes con saña, y en las comisuras de los labios afloraba una perversidad íntimamente satisfecha.

El corazón del anciano se estremeció, encogiéndose de horror hasta detenerse.

El blanco lo inundó todo.

El hombre se apartó ligeramente hacia el extremo del banco sin dejar de mirar al anciano. El cuerpo de éste empezó a inclinarse con lentitud, fue aumentando el ángulo poco a poco y terminó desplomándose sin vida sobre el asiento de madera. El bastón cayó a tierra con un sonido amortiguado, y el sombrero se volcó y quedó apoyado boca arriba.

El hombre se puso en pie. Con el aire placentero de un gato que se despereza, estiró sus extremidades mientras bostezaba. Luego metió las manos en los bolsillos del pantalón, echó a andar con parsimonia y enfiló hacia la entrada del camino por donde había llegado. Desde el inicio del sendero, cubierto por la penumbra, lanzó una última mirada al banco donde yacía el anciano. Justo en aquel momento el sol, en su caída, surgió entre el follaje y la línea del horizonte. La claridad reveló la escena: un anciano tumbado en su habitual banco del parque, en el que nunca se le había visto acompañado. Tal vez estuviese durmiendo, pero pronto la desmadejada postura de su cuerpo llamaría la atención de alguien que acudiría a tratar de despertarlo en vano.

Para los periódicos sería otro cadáver misterioso que seguía la misma pauta de los anteriores.

Triunfante, el hombre se adentró en la oscuridad del camino sin volver a mirar atrás, dejando en el aire el rumor de una canción murmurada que se fue apagando en la distancia.

25 de diciembre de 2010


'Coro Polifónico Jurásico de Cuervolandia'


'¿Dónde estás ahora, Cuñataí, que tu suave canto no llega a mí?'


Aunque parezca mentira
Esta navidad una dos, mmm digo tres liras.

En la fría navidad+
no hay lugar para el quebranto ni la ira
hay tanta felicidad
y tanto amor se respira
que cuervolandia baila y en corro gira.


Del niño Jesús la voz
se alegraba y se reía, pues cuervos
-todo cariño y amor,
pollos y también viejos-
cosquillas le hacían y se iban lejos.
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00
Los Gerentes contentos:
de sus corazones, ollas de bronce,
rebosan sentimientos.
Nos desean, entonces,
con Cuervolandia, Feliz Dosmil Once


Pd. Los gerentes os deseamos felíz cuervonavidad a todos y finaliza este año gritando CUERVOLANDIAAAAAAAAAAA!!!!!!!


30 de noviembre de 2010

Cuarto aniversario al alimón



'Cuervovelas para todos'


'Nuestras mejores galas'


Cuervolandiaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!!

Estimados clientes gracias por sernos fieles durante todo este tiempo, no esperábamos menos de Uds. y nos complace seguir ofreciéndoles cobijo en este parque que es el suyo.
Como ya es tradición celebramos nuestro aniversario con un relato alimonado que es ácido y dulce al mismo tiempo y les dejará un sabor de boca que durará hasta el próximo relato o cuervopoema o bien hasta que se coman unos cuervoñigos que regeneren su PH bucal. Un abrazo y gracias:




Cuando vi a la mujer del abrigo gris entrando en la tienda de velas sólo pude pensar en una palabra Katmandú.

No se porqué asocié a la capital asiática el negro azabache de su mirada o el fulgor de su sonrisa, mancha de nieve en la amapola roja de sus labios... el caso es que desde ese momento dejé de ser yo mismo y cuando me preguntó el precio de las velas beiges y marrones para poner en el cuervoabeto navideño sólo obtuvo como respuesta un segundo de intenso silencio seguido de un torrente de palabras que fluyeron de mi corazón a mi boca sin pasar por el cerebro y que decían cosas como: "Ya se que no la conozco pero me he enamorado de usted", "es usted sublime, huyamos juntos a Katmandú" y "¡¡¡Béseme por Dios, hágame el hombre más felíz de este mundo!!!". De pronto el tiempo se detuvo y sólo oí sus palabras: "Muchas gracias caballero, aquí tiene su vuelta"....

Con el dinero aún en la mano me pregunto si esa mujer ha existido alguna vez o es producto de mi imaginación, si en realidad he dicho esas palabras, si en realidad la he besado, si le he dado bien el cambio y dónde diantres está Katmandú.



* * *


Cuando ví a la mujer del abrigo gris entrar en la tienda de velas sólo pude pensar en una palabra… ¡Cumpleaños! Se me había olvidado por completo el cumpleaños de mi amigo Irving. Todas las notas en papelitos amarillos en mi furgoneta, las alarmas que me había puesto en el teléfono móvil… de nada habían servido. Cuando uno se dedica a probar combas en el cuervo-gimnasio, ese continuo golpeteo contra el suelo hace que, a veces, no puedas pensar con claridad. Había pasado una semana desde el cumpleaños de Irving, pero corrí directamente a la tienda de velas. Seguro que tenían algún catálogo sobre velas para invocaciones, y Irving siempre estaba pensando en fechas con significado cosmológico. Seguro que ni él mismo se había dado cuenta de que su fecha ya había pasado. Allí volvi a cruzarme con la mujer del abrigo gris y las piernas me temblaron un poco, pero no lo olvidé: ¡Cumpleaños!

* * *


Cuando vi a la mujer del abrigo gris entrar en la tienda de velas, solo pude pensar en una palabra: Condena. Los marinos lo saben bien: velas blancas, nao de vivos; velas negras, nao de occisos; velas grises, limbo en pena. Tras dudar un rato, entré también, curioso aunque estoico. "...Porque no, señora, componentes náuticos aquí es que no se los trabajamos, ¿eh?" "Pues si esta es una tienda de velas, y a mí me hace falta una nueva para mi yate, ¿qué es lo que pasa? ¿Por qué no me quiere atender? ¿Es que le molesta mi lápiz de labios, o cuál es el problema?" "Oiga... Aquí vendemos velitas de prender llama, con olor a pachulí, para poner a santos y en cumpleaños, ¿eh, que sí?, y ya se está usted largando, ¡que a mí no me chulea nadie, demonio!" "Libro de reclamaciones, por favor" "¡¿Que cóómo?!" "Me ha oído perfectamente". Tras rellenar el formulario con vigor y displicencia, se marchó copia en mano y tic en párpado, dando un soberano portazo. No me atreví ni a preguntar por las minivelas txurruquiyas para disimular. Tras el mostrador, el dependiente susurró desde su cuello rojo e hinchado: "Clientes así son una condena".



9 de noviembre de 2010

Halloween en Cuervolandia (Una pequeña historia de terror)




¿Sabéis lo que me ha
dado mi novia?


-TI-tu-TU-ti-TUTUTU- tutu-TI tu ta (Lease esta frase en voz alta y con entonación telefónica)


-Clonk---Baby---Don´t forget my number---Paprapra Papapra Baby--- Love´s stronger than thunder. (Léanse las frases en cursiva en voz alta cantando el tema de Milli Vanilli Don´t forget my number, esto vale para todas las letras en cursiva que aparezcan a lo largo del texto, que no lo tengamos que repetir hombre ya!)


SHHHHXSDa#Venidos a Cuervolandia adquiera cuervoviseras por sólo 17 cuervofichas marrones.(Léase esta última frase con voz enlatada pero poco motivada, como tristona, en adelante Voz1)!!! Tata, Tata…Baby don´t forget my number…


-Clonk Cesa la música de repente y tras medio segundo de silencio absoluto se oye otro Clonk ¡!!Venidos a Cuervolandia ¿Qué desea? (léase con voz enlatada, pero esta vez suena susurrante como si la dijese la serpiente del libro de la selva, (en adelante Voz 2)



-¡Estoy harto de Cuervolandia!, No disfruto en sus atracciones, los cuervoñigos no saben a nada y el Sirope de arce es demasiado empalagoso. Además la chica del monociclo casi nos mata, nuestros vecinos en el cuervohotel, los de la suite Sueños Bávaros, no paraban de hacer ruidos obscenos, siempre te dan un número par de cuervofichas y todos los precios son impares, de modo que al final te sobran o te faltan fichas…. Y para colmo, las cuervoviseras pinchan y se les suelta la goma cada dos por tres…. Esto es un escándalo…. Y..

-Clonk! Si su consulta es por las cuervoviseras pulse 1, si es por los cuervoñigos o el sirope pulse 2, si es por las cuervofichas mantenga pulsados los dos anteriores, cuente hasta cinco, de un salto hacia delante y pulse un número primo mayor que siete. Si es por todo lo anterior y más, haga el pino y diga Ula Ula.


-Ula Ula (dígase haciendo el pino)

-Baby dont forget my number (Voz enlatada1) Manténgase a la espera, enseguida le atiende un operador- Papra papapapra bei-CLONK- Buenos días, le atiende Jaquelynn, en qué puedo servirle…


-¿Puedo dejar de hacer el pino? (dígase con voz exhausta)


-No se retire.... Papra papra papra Baby don´t forget my number…


Tres minutos más tarde...

Sí, puede dejar de hacerlo cuando quiera, encantados de haberle atendido, muchas gracias CLONK


(Voz enlatada1) No se retire todavía, queremos hacerle una encuesta para evaluar nuestro servicio de atención al cliente.

¿Le hemos satisfecho su consulta? Valore de 0 a 100, siendo 100 completamente satisfecho y cero bastante satisfecho.


-Aaaargh, AAAAAAAAAAAAAAAAArg

-Por favor , no he entendido su respuesta.


-AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAArgh


-Por favor, diga un número de 0 a 100


(Sollozo) 100, 100, Me encanta Cuervolandia (lloro desquiciado), adoro los cuervoñigos, ¡viva! (llorando) Viva, Viva. Shhhh#######


-Tuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu


FIN


“Chucrut, Chucrut, siempre vuelves a mí”


Verso 24 del Poema del mismo título del libro de Paco el Arlequín “Los repollos también tienen corazón”. Ediciones dominó.

28 de octubre de 2010

La Forja de un Gerente I


'Encuentro decisivo'

'Voyage, voyage, dans tout le royaume'

Ante la Corte Suprema de los Planetas del pequeño sistema Fritigernín, en la galaxia NGC 4414, el joven convicto conocido como Kakerlak Aufständischen (aunque su verdadero nombre es Chitín V33), se encuentra acongojado delante del Magistrado, del que va a oir la sentencia condenatoria:


- KAKERLAK AUFSTÄNDISCHEN, PRIIIIIIP PRIIIIIP PRIII!! POOOO POPOPO POOOO PRIIIIIIP.
GRAkAAAAAAAAAA. TUCU TUCU PUUUUU PRIIIIIIP. KIKIKIKIKI PRIIIIIP. MEEEE GUILIGUILI PUUUUUU?
- GAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!!!! TUCU TUCU PUUUUU PRIIIIIIP, GAAAAA....
- GOLOGANEK PRUIP, KAKERLAK,...TUCU TUCU PUUUUU PRIIIIIIP.


N. de la G: Pedimos disculpas por el error tipográfico. Pasamos a transcribir el párrafo al Castellano:

- Kakerlak AUfständischen, ha sido declarado culpable. Por el poder que el pueblo me otorga debo comunicarle la sentencia: Le condeno a vagar por el universo indefinidamente transformado en haz de luz. La sentencia se ejecutará de inmediato.
¿Quiere decir algo antes de que le transformemos?
- Nooooo. Vagar indefinidamente, nooo...
- Debiste pensarlo antes de usar el decolorante, Kakerlak,... Vagar indefinidamente.

***

- Eres un cometa muy raro - comentó la estrella.
- No soy un cometa. Soy un Fritigerniano condenado a vagar por el universo transformado en haz de luz.
- Qué castigo tan cruel... ¿por qué te condenaron?
- Tan sólo devolví el color gris a las nubes que los empleados del gobierno coloreaban de dorado y lila, de plateado y púrpura.
- Ah, ya entiendo,... el color gris de las nubes entristece mucho a la gente.
- Las nubes no tienen la culpa de la tristeza de la gente. La gente lleva la alegría o la tristeza en su corazón.
Yo solo pensé que sería hermoso ver a las nubes tal y como son.
- Te comprendo. Lamento mucho tu triste destino, pero ahora debo ocuparme de que estos planetas orbiten
a mi alrededor. Mucho ánimo en tu viaje.
- Te seguiré viendo de lejos. Tu luz es muy intensa.

***

- Hola Bípedo Plumado... no sabía que en tu planeta hubiese tantísima luz... ¿no tenéis nubes?
- Cooooooc.
- Ya entiendo, ya. Siento haber roto el tejado de vuestra vivienda. Te ayudaré a reconstruirla ¿Cómo pudiste clavar estas maderas si no tienes manos?
- Cocorocoooooooc
- Es que al tomar contacto demasiado tiempo con vuestra atmósfera volví a mi forma de Fritigerniano y caí sobre tu casa. Es extraño, debió ser algo en el aire.
- Coocoocoooo coooo cooooo.
- Es increible que vuestra especia haya podido construir esta vivienda... ¡Los habitantes de tu planeta son increibles!
- Cooocoricoooooo coco coooooco.
- ¿te has atragantado con algo? Ah! no, es tu forma de comunicarte. No hay problema. Creo que tienes hambre. Toma un poco de grano. Lo tostaré un poco emitiendo calor con mis manos.
- ¡¡¡Cooooc!!! (Pic, pic, pic)
- Te gusta ¿eh? En mi planeta siempre decimos que quién da de comer no puede ser mala persona... espero caerte bien a partir de ahora.
- Coooooroooooo
- Creo que ya puedo salir a la calle. Mis ojos se han acostumbrado a la luz. ¡Ah! ¡¡Qué nubes tan hermosas!! Hasta luego, Bípedo Plumado.

5 de abril de 2010

Gerente por un día (Nº 3): "La Magia de Cuervolandia"



'Matrimonio concertado'

'Caja de sorpresas'

Y aquí proseguimos en esta serie de cuervoposts, relatados por ustedes, visitantes de nuestro parque, que en algún momento han disfrutado no sólo de sus atracciones sino de todo el encanto que el marco incomparable que lo rodea le confiere. Sólo cabe agradecer esta vez a Alberto, Necio Mayor de Mundo de Necios, que nos haya regalado los ojos y el paladar, la mente y el corazón con este relato. Los Gerentes sabrán como hacerlo. Una vez más se demuestra que en Cuervolandia es posible.

Era la primera vez que iba a visitar Cuervolandia, ese parque de atracciones en medio de la nada más absoluta y de la insalubridad más visible debido a los excrementos de cuervos, que a modo floral adornaban cierta parte del parque.

Fuí allí ex profeso, en contra de mi sensatez y con todo mi deseo de que fuera cierto lo que me habían dicho.

Según mi cuñada Julia, entre las atracciones de los “cuervocoches de choque” y la caseta de “churros y demás fritangas” se encontraba el sitio en el que se depositaban mis esperanzas. Una adivina con ojo de cristal y verruga incluida que aseguraban era capaz de predecir el futuro, el presente y adivinar la carta más alta del mazo, si era menester. Según las malas lenguas tenía prohibida la entrada a los casinos de medio mundo, aunque nadie lo había demostrado, pero solo por si acaso.

Después de pasar por taquilla a por mi cuervofichas me dirigí disciplinadamente hasta el lugar donde se encontraba la Adivina. Avisté el sitio con un ligero rechazo, era una especie de tienda de campaña, como la de los indios de las películas antiguas, tenía un color amarillento tirando a cobrizo probablemente por la suciedad acumulada y a modo de cartel, ondeaba al viento una bandera con un ojo brillando que parecía el de Sauron, siguiendo según me acercaba a la puerta.

Del umbral colgaba una cortina de tiras, que cuando la atravesé me fijé que eran cadenas de plata y rellena de abalorios de todo tipo de la marca Pandora. – Vaya pija – pensé para mí.

Entré respetuosamente con las manos entrelazadas y la cabeza gacha, los ojos bien abiertos y una mueca lo más parecida a una sonrisa de lo que fui capaz de plantar.


- Buenos días –dijo desde su mesa la que supuse era la persona que buscaba.
- ¿La adivina? –Aventuré no sin temor a que me dijera que me había equivocado.
- Adelante, siéntese y relájese. ¿Un té? –Preguntó, y su voz causaba un efecto en mí que me llevaba en efecto a la relajación.

Agradeciendo y aceptando su oferta, acabé de entrar y mis ojos se acostumbraron a la escasa luminosidad que había en el interior únicamente ambientado por velas causando un efecto de contraste con el exterior, donde Lorenzo castigaba a los audaces que se atrevían a salir.

Mientras me calentaba el té aproveché para realizar una minuciosa inspección del interior de la tienda india que sorprendentemente parecía muchísimo mayor de lo que se antojaba desde fuera. La choza tenía unos sofás y una par de sillones, una estupenda biblioteca de madera de roble, una mesa a juego con la biblioteca donde estaban todos los utensilios que se esperan de una adivina –o bruja– perfectamente ordenados e impolutos. También tenía una mesa de billar y un mueble bar abierto y –según parecía – recién usado.

Me sirvió el té en una preciosa taza de porcelana y me hizo un gesto para que me sentara donde quisiera entre los sillones. La observé detenidamente, era una mujer de mediana edad, efectivamente, con una ligera verruga al lado de la nariz, ojos marrones y pelo castaño recogido en una coleta. No era fea, como cabía esperar –¿pero qué era exactamente lo que esperaba?– y cuando sonreía podría jurar que hasta era en cierto modo atractiva.

- ¿Ha venido para que cuente su futuro? –me preguntó cortésmente.
- Pues la verdad es que me da un poco de vergüenza empezar –le dije ruborizandomene levemente y esperando que la oscuridad existente ocultase el detalle –Verá me gustaría saber quien es la mujer con la que voy a ser feliz el resto de mis días.

Sonrió de nuevo, pero esta vez sus ojos refulgían fuego y pude sentir la energía emanando de sus manos mientras miraba la bola de cristal.

Ahora no sabría decir cuánto tiempo pasó y si lo que sucedió allí fue real o sugestionado, pero Pandora (Se llama Pandora la Bruja) me dio una respuesta concreta y sorprendente.

Hoy, cuatro años después Pandora y yo tenemos dos hijas, un perro y una perchero animado (aunque yo sugerí que la escoba sería más útil, pero ella quería evitar los tópicos), se ha retirado del mundo del espectáculo y vivimos en un pisito con vistas al cementerio de la Almudena en Madrid. Se ha cambiado su apellido por el mío y eso nos permitió conseguir grandes ingresos iniciales en los casinos.

Si conocen a alguien que sea lo suficientemente bruja para sustituir a Pandora, sepan que alquilamos la tienda índia de Cuervolandia, por si les interesa.

23 de enero de 2010

Gerente por un día (Nº 2): "El transformador del mal rollo"



'¡Oye, Blas!'

'Yo nací para esto, Kyle'

Segunda edición de esta sección dedicada a los relatos de todos ustedes, gerentes en el exilio disfrazados de personas normales. De otra manera, no podrían concebir nuevas páginas de este su desvencijado parque con semejante naturalidad y, sí, digámoslo ya pues es evidente, talla moral e intelectual. Es algo que nos hinche de orgullo, no de sorpresa, empero, pues sabemos que ustedes son nobles, poderosos y granguinolescos. Mas, ¡cesen los introitos y ábranse ya las compuertas de esta nueva atracción! Limonessa del ilusorio es la responsable y por ella los cuervos vuelan en círculos hoy sobre nuestras cabezas. Gracias, amiga.


Había sido un año enormemente productivo para Cristóbal. Y es que, estar enamorado de la mujer del abrigo gris era inspirador para él. Bien es cierto, que no todos sus inventos fructificaron. Por ejemplo “El extractor de problemas a presión con mangos de colores” tenía un defecto en la resistencia del material que debía hacer fuerza para la extracción. Ese defecto nunca pudo ser corregido. Lo mismo ocurrió con “La destructora de las preocupaciones”. Sin embargo con “El saquito contenedor de sensaciones agradables” consiguió alzarse con el premio nacional al Inventor del Año (prestigioso premio concedido por la revista Geniality). El jurado valoró la originalidad, la eficacia en la conducción del bienestar, la portabilidad del saquito y la utilidad general de la creación.

Y ahora, ¡no lo podía creer!... Se abría en Cuervolandia la última atracción que había salido de su imaginación “El transformador del mal rollo” y además para su mayor regocijo la gerencia había aceptado una ubicación entre un cuervocajero automático y un cuervorestaurante -nada que ver con la ubicación inicial junto a los cuervoWC-.

El transformador se convertiría en la atracción estrella, había levantado una gran expectación. Para empezar, utilizar con éxito la atracción te suponía no un gasto de cuervofichas marrones, sino una devolución de las mismas a usar en cualquiera de las demás atracciones (incluido el cuervocasino). Cubero fue el primero en utilizarla, quería dejar de ver medusas crecientes que le sonreían. Para ello entregó 10 cuervofichas marrones a Jacquelyn. Sí, eso es, Jaquelyn superó todas las pruebas para incorporarse como controladora de la nueva atracción, fue seleccionada entre varios individuos trabajadores temporales y permanentes de Cuervolandia. Para ellos suponía un prestigio adicional, además de un incremento nada desdeñable de su imaginario sueldo. Su labor consistía en valorar a simple vista un grado de mal rollo aceptable para poder ser transformado en buen rollo a lo largo del recorrido; recoger las cuervofichas y devolverlas en caso positivo y dar el primer empujón a los usuarios dentro de su flotador de óxido de nitrógeno. Una vez impulsados desde la rampa del malestar los usuarios van desprendiendo problemas y preocupaciones al rebotar con las paredes de buenos recuerdos. Después caen desde la cascada de la risa a la piscina de la serenidad, allí permanecen el tiempo necesario y se aproximan a las duchas de limpieza de impurezas. Finalmente unos cuervos con vista afilada hacen el último control de calidad, si detectan alguna anomalía (malos pensamientos, hostilidad latente, envidia, rencor…) agarran los flotadores con sus afilados picos y lanzan a los usuarios a las tuberías de la realidad, donde una sucesión de pequeños extractos del programa “Informe Semanal” tratarán de demostrarle que su mal rollo no tiene razón de ser, comparado con el estado del mundo. El óxido de nitrógeno va impregnando esas tuberías. En la salida un medidor de estabilidad emocional indicará la posibilidad o no de recuperar sus cuervofichas. Intentar cantar una canción de Pavarotti en ese momento está bonificado con 2 cuervofichas.

Desconocemos la suerte de Cubero ya que los recorridos de la atracción son confidenciales. Lo que sí sabemos es que Lupiáñez ha presentado una solicitud formal para usar la atracción como terapia con neuróticos. Cristóbal ya ha advertido que no admitirá al agresor de Berlusconi ni a otros casos dudosos de mal rollo o de gran impacto mediático. No aspira a la fama. Todo lo contrario de su medidor de estabilidad emocional que ya ha confirmado que había concedido una entrevista a Kyle Mirandilla. (Kyle, por razones desconocidas, muestra un interés desmedido en entrevistar al insuflador de óxido de nitrógeno).

Cormonas cierra “La voz de los Monegros” con rabia y arroja el diario a la papelera, “¿Cómo es posible?” de nuevo Cuervolandia lanza una atracción que va a superar con creces a cualquier montaña rusa o lanzadera o espectáculo de fuegos presentes en sus muchos parques. Entonces una sonrisa maliciosa se dibuja en su cara…


Bien, y los demás ¿a qué esperan? Si creen que Cuervolandia no es digna de ese nombre hasta que no escriban ustedes sobre ella (y creen bien), hágannos llegar sus textos a la dirección de nunca: cuervosdelmundo@yahoo.es